| LA FAMILIA.
Un derecho y una necesidad
Johnny Suárez S.
Tener una familia y ser miembro pleno de una de ellas es un derecho y una necesidad humana. Al ser sujetos gregarios, nos asiste el derecho natural a la pertenencia a un grupo, clan o núcleo básico de la sociedad que se llama familia y por ende a pertenecer a la sociedad, que es el conglomerado de todas las familias.
Todos los conglomerados humanos, las diversas religiones o creencias de todos los tiempos, le han dedicado especial atención y protección a esta entidad surgida de la afinidad sanguínea y espiritual; pues ha sido considerada como el fundamento de la comunidad y la continuidad de la especie humana sobre la tierra.
La institución familiar es frágil y en los tiempos actuales, más que nunca, está propensa a la desintegración, constantemente es atacada por los modismos y los embates de algunos sectores intelectuales que pregonan ideas relativistas en cuanto al sexo y el matrimonio. Además, surgen nuevas corrientes que propagan el fortalecimiento del individualismo y el materialismo, entiéndase este como la acumulación de riqueza y la experimentación de sensaciones corporales, como fines últimos de la vida humana.
Dada la importancia de esta institución, entre otras, la Iglesia católica le ha brindado gran interés y espacio en su quehacer diario, aparte de que entiende a la familia como uno de sus dogmas y como uno de los fundamentos de la existencia del hombre.
En la introducción a la "Exhortación Apostólica Familiares Consorti" del santo padre Juan Pablo II, leemos: "La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido, quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura. Muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales".
Además en la Encíclica, Evangelium Vitae del papa Juan Pablo II, leemos: "…La familia es verdaderamente el santuario de la vida..., el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. (…) Por esto, el papel de la familia en la edificación de la cultura de la vida es determinante e insustituible".
Por su parte, los estados, desde tiempos antiguos como el caso de la Roma imperial con la gens y luego con la familia, no han cejado en la protección de esta institución. En la actualidad, muchos países han dictado legislaciones de carácter específico (Derecho de familia, como una rama aparte del Derecho Civil), y las han incorporado en su derecho positivo, tendientes a su fortalecimiento.
Doctrinariamente, se ha llegado a la conclusión que las relaciones de familia no pueden quedar supeditadas solo a criterios individuales y de la autonomía de la voluntad. En vista de la importancia del bien protegido, la mayoría de las normas del derecho de familia son normas de orden público, es decir que son regulaciones imperativas e indisponibles.
Por medio de la legislación, se ha querido no dejar a la voluntad de las personas la regulación de las relaciones de familia; solo en algunos casos puntuales donde la voluntad es insustituible, como en el matrimonio o la adopción, pero en estos casos sólo se permite para dar origen al acto y no para establecer sus efectos posteriores.
La familia en su sentido estricto, verdadero y tradicional fue, es y será el eslabón primordial de toda sociedad, es un derecho, una necesidad espiritual, material y emocional de todos, es la garantía de la existencia y perduración de los hombres y de las sociedades futuras.
El autor es ministro consejero Consejero de la Embajada de Costa Rica en Panamá
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