| ESTADOS UNIDOS.
Buena elección para el Estado Mayor
Un presidente fuerte e independiente de los jefes del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos puede contribuir a proteger al país en contra de operaciones militares mal planeadas y administradas, como la desastrosa mala conducta de la guerra en Irak. Lamentablemente, los últimos dos presidentes demostraron que no eran ni fuertes ni independientes, negándose a hacerle frente a la intimidación y ceguera ideológica del ex secretario de la Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld.
Existen buenas razones para esperar que el hombre nominado para hacerse cargo en septiembre, almirante Michael Mullen, se desempeñe mejor en su tarea y sea escuchado y considerado en mejores términos por el hombre que anunció su nominación, el actual secretario de la Defensa de Estados Unidos, Robert Gates.
En su puesto actual como el máximo oficial naval, Mullen ha demostrado creatividad intelectual e independencia, a medida que ha intentando crear nuevas estrategias marítimas para una nueva era de amenazas y desafíos fuera de lo convencional. En particular, ha impulsado la idea de multiplicar el alcance estratégico de Estados Unidos mediante la cooperación con otras armadas, yendo en contra de amenazas como la proliferación y el contrabando de armas.
Por ley, el presidente del Estado Mayor Conjunto es el principal asesor militar del mandatario estadounidense y el secretario de la Defensa. Su responsabilidad gira en torno a garantizar que los legisladores civiles escuchen el mejor consejo profesional por parte de altos comandantes en el Pentágono y por todo el mundo. Ex presidentes como el almirante William Crowe y el general Colin Powell, a finales de los 80 y 90, también estuvieron al frente de estas responsabilidades.
Tanto el presidente actual, general Peter Pace, como su predecesor, general Richard Myers, fallaron en esa responsabilidad esencial. Cuando Rumsfeld decidió que podría pelear la guerra en Irak con muy pocos hombres y escasa planeación desatendiendo el consejo de experimentados profesionales castrenses y expertos foráneos, ambos hombres se cuadraron y, sin convicción, expresaron el mismo sinsentido desastroso.
Al elegir a Mullen, todo parece indicar que el secretario Gates está diciendo que él desea oír la verdad acerca de Irak y qué puede hacerse ahora para sacar a las tropas estadounidenses y contener el desastre. Nosotros albergamos la esperanza de que el almirante termine exponiendo la verdad y que, juntos, sean finalmente capaces de lograr que el presidente Bush preste atención.
Editorial de The New York Times de la edición del miércoles 13 de junio
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