| DISTURBIOS EN LAS CALLES.
Nuestra fauna escolar
Gustavo Gutiérrez
No hace falta ser psicólogo ni sociólogo para darse cuenta de que algo anda mal en la cabeza de nuestros estudiantes. Unos para protestar por la falta de implementos educativos, deciden destruir autos, una barbería y hasta tratan de violar a una muchacha que por mala suerte transitaba por el lugar. Ayer, otros, para protestar por la misma causa deciden apedrear a transeúntes y automóviles. No contentos con esto, también deciden destruir propiedad privada y pública que tanto nos cuesta mantener con nuestros impuestos y, también con los impuestos que pagan sus padres. ¿O será que lo hacen porque sienten que no les cuesta nada?
Creo que en realidad a los que verdaderamente les cuesta es a la clase media como siempre. Después de todo, si se gana menos de $800 no se paga tal impuesto, si se consume menos de tanto en electricidad, se subsidia y así sucesivamente. ¿Será que en realidad no les duele destruir porque en el fondo no les cuesta o les cuesta casi nada?
Como si fuera poco, los tranques descomunales que causan con tanto orgullo, provocan millones de dólares en pérdidas a la economía, y, por ende, al afectarse la misma, también los afectará a ellos tarde o temprano, por lo cual seguro organizarán otra protesta. Ellos están convencidos de que producto de sus protestas les harán caso y que la ciudadanía los apoyará incondicionalmente en su justa causa.
Todos ya estamos cansados del mismo cuento de que esta situación es culpa de la sociedad y los valores familiares. Algo de esto es cierto, pero los verdaderos culpables son nuestras autoridades que permiten que este tipo de situaciones sean algo común y aceptado en nuestro país. Cuando se identifica a los culpables de actos vandálicos, se les reasigna de escuela o se les expulsa, pero en realidad lo que cometen no es un acto cualquiera, es un delito, por lo que a los que son sorprendidos en estos actos, deberían reasignarlos a la cárcel.
Es preciso que las autoridades se pongan firmes ante el caos en que estamos sumergidos por su inacción. No hacerlo simplemente envía un mensaje de que este país es tierra de nadie y que cualquiera puede disponer de la vida y bienes de sus ciudadanos con la excusa de protestar. Por el momento seguiremos viviendo en el caos y a merced de estos delincuentes, hasta que algún día las autoridades se den cuenta de que hace rato la pelota está de su lado de la cancha.
El autor es ingeniero de sistemas
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