Entre la espada y la pared
Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
OPINIÓN. Blas Pérez es noticia en Colombia. No de ahora, sino desde que estuvo en el Deportivo Cali, al que el panameño enamoró después de romperla en la segunda división con el Centauros, donde fue el máximo artillero en la temporada de 2004, implantando un récord en esa división. Desde entonces Blas comenzó a aparecer en la portada de los diarios y en los noticieros de la radio y televisión, mucho antes de que pasara al Cúcuta Deportivo, donde consolidó su nombre en Colombia y en el resto de América con su excelente campaña en la Copa Libertadores. Del panameño Blas Pérez se ha dicho y se ha escrito de todo un poco, desde sus nueve tatuajes, su época de infancia y hasta su retorno a la selección nacional, es todo un personaje en Colombia, muy querido en Cúcuta y en un país que por un tiempo durante la época dorada se acostumbró a hacerle la venia a figuras argentinas, brasileñas, uruguayas y peruanas que dejaron un legado en el fútbol colombiano. Hoy la figura foránea es un jugador panameño que en cuatro años lleva 80 goles anotados en el fútbol colombiano.
El ex jugador del Árabe Unido consiguió hacer realidad el sueño que cualquier otro futbolista extranjero quisiera tener en Colombia o en el país que fuera: ser campeón con su club y figura en una torneo de prestigio internacional como la Copa Libertadores. Sin embargo, hoy, Blas Pérez no ha podido cerrar su ciclo con el Cúcuta en el partido de vuelta de las semifinales contra el Boca Jrs., por la Copa Libertadores, para lo que él había trabajado y que es obvio se merece por el sacrificio y el esfuerzo que había puesto. Alexandre Guimaraes le está cortado la ilusión al convocarlo a la Copa de Oro y, para sorpresa de muchos, Pérez atendió el llamado con humildad, en una muestra de su profesionalismo. A pesar de tener sentimientos encontrados, prefirió hacer el sacrificio por la selección, aunque en sus adentros no estuviese de acuerdo.
Él ha preferido ser cauteloso en sus respuestas a los medios, es claro que su posición actual lo tiene entre la espada y la pared y al final un comentario de más lo podría dejar como el malo de la película. Es una situación incómoda porque el jugador no está concentrado en un solo objetivo. Si Cúcuta no clasifica a la final de la Libertadores y Blas no está en ese partido, se mantendría con la selección y en su recuerdo la anécdota más amarga con el Cúcuta.
En Panamá la respuesta del público ha sido variada, una gran mayoría preferiría que se hubiese quedado con el Cúcuta. (Ver sondeo en la página 15A). No era el caso del pelotero Mariano Rivera, como me refirió el padre del futbolista, pensando que el público lo rechazara por no querer jugar con la selección. Blas vino al país a reportarse y a ponerse a las órdenes del técnico, lo que es una muestra de la gratitud que siente por el país, pero me parece como que Guimaraes no recordara sus tiempos como jugador. Esta es una oportunidad que cualquier jugador sueña, no solo Blas, en un partido de semifinales de un torneo como la Copa Libertadores que no se puede comparar con el de la Copa de Oro.
El tema de Blas ha sido de dominio público y ha trascendido fronteras, de Argentina y Colombia no han dejado de llamar. Marcelo Guerrero, un amigo columnista del diario Olé de Argentina, nos escribió esto: "¡Cómo andan, amigos! Me acordé de ustedes cuando Blas Pérez nos hizo dos goles en la semifinal de la Libertadores. Ojalá que se lo lleven a la Copa de Oro y no juegue la revancha".
El autor es periodista |