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Reportaje especial
Panamá, jueves 14 de junio de 2007
 

ALIMENTANDO EL INTELECTO.

Para qué se come cultura

Moisés Pinzón Martínez

¿Para qué sirve la cultura?, es una pregunta que pocas veces nos hacemos. Es, incluso, muy común escuchar el comentario de padres de familia que airados expresan su descontento por haber hecho gastos en la educación de sus hijos hasta el bachillerato sin que eso les permita conseguir un trabajo.

La mayoría de nosotros tenemos el criterio de que la cultura representa requisitos sociales en cuanto a la música que escuchamos, las pinturas que recrean nuestro espacio o los libros que leemos. Sin embargo, a pesar de todo, sí comemos de la cultura; ya que es ella la que ejercita nuestro cerebro y su consecuencia directa es la evolución de nuestra capacidad en cuanto al "pensamiento abstracto".

Si nosotros no alimentamos nuestro intelecto con música variada que logremos diferenciar instrumentos y concordancia, no lo alimentamos de pinturas y esculturas de calidades diversas o lecturas que nos mantengan informados de los aconteceres, nuestra capacidad lógica de deducir, sintetizar, interpretar y analizar los fenómenos que nos afectan, se limita en el mismo nivel y grado en que realizamos dichos ejercicios.

Las consecuencias de un bajo nivel cultural es que nos limita las posibilidades de comunicarnos con nuestro entorno tanto laboral como natural y con nosotros mismos; por lo que nuestros resultados económicos también serán afectados directamente, porque no estamos capacitados para desentrañar en toda su magnitud los problemas que se nos presentan.

Son dos factores que determinan nuestra satisfacción en esta vida, el primero son las "dificultades" y el segundo es la "competitividad". A despecho de los apologistas del "facilismo", que pretenden presentar la felicidad como un paraíso de risas, cantos y bailes, la realidad humana está plagada de dificultades por enfrentar; y con ellas la satisfacción que podamos obtener, que depende de la capacidad que se posea para darle respuesta a esos problemas. Y curiosamente es un proceso en el cual al resolver uno, no es más que la preparación necesaria para enfrentar el otro que viene siempre en mayor grado de complejidad.

Por otra parte, la competitividad es la característica que determina el nivel y grado de nuestras cualidades en el enfrentar dichas tareas, y que implica necesariamente los resultados económicos que podremos obtener. Por lo que el gozo material, base de sustentación de la vida, se verá afectado en la medida en que compitamos en mayor o menor grado en el acontecer social.

Esta realidad expuesta nos lleva a asegurar que el desenvolvimiento del individuo en el accionar diario para solucionar problemas y enfrentar la competitividad depende obligadamente de su desempeño en cuanto al grado de evolución que su "pensamiento abstracto" haya alcanzado. Es entonces, que podemos aseverar que la cultura adquirida (los periódicos que leemos, novelas, ensayos, la variedad de música que escuchamos, la calidad de las películas que consumimos, el entorno aseado y ordenado en que vivamos, entre otros muchos factores que la determinan) son fundamentales en nuestra realidad, dado que es el único camino por cuanto podemos acrecentar en grados esa capacidad de síntesis y respuestas que todo ser humano posee.

El autor es empresario y ensayista



 
 
 
 
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