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Ataque a mezquita revive viejos temores
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BAGDAD, Irak/REUTERS
Supuestos militantes de Al Qaeda volaron ayer los minaretes de una reverenciada mezquita chiita en la ciudad iraquí de Samarra, santuario que el año pasado fue bombardeado, desatando una ola de matanzas sectarias.
Temiendo un nuevo baño de sangre, el Gobierno de Irak impuso un toque de queda por tres días en Bagdad, mientras que líderes políticos y religiosos chiitas y sunitas pidieron a sus seguidores que mantuvieran la calma. Sin embargo, la Policía informó que un hombre armado atacó la Gran Mezquita Sunita en Iskandariya, en el sur de Bagdad, destruyéndola totalmente.
Una segunda mezquita fue dañada en otro incidente y atacantes abrieron fuego contra otro templo en el distrito de Bayaa, también en la capital iraquí, aunque no se reportaron heridos. Un ánimo sombrío descendió sobre Bagdad, mientras la gente se apuraba en llegar a sus hogares antes del comienzo del toque de queda. Las calles estaban vacías, excepto por las patrullas de policías y soldados iraquíes.
El primer ministro, el chiita Nuri al-Mailiki, se reunió junto a otros líderes de su país con el comandante en jefe del Ejército estadounidense en Irak, el general David Petraeus, y con el embajador de Estados Unidos, Ryan Crocker.
Funcionarios estadounidenses dijeron que se acordó pasos políticos y militares que apuntan hacia "promover la moderación".
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