| TRABAS.
Organizar eventos culturales en Panamá
Arlene Lachman
No puedo dejar de compartir algunas reflexiones de lo difícil que es organizar un "evento" cultural en Panamá, particularmente si es con artistas extranjeros, y sobre todo, si no se es una empresa promotora grande, que maneja conciertos "taquilleramente exitosos", de artistas populares como, por ejemplo, Ricky Martin, Cristina Aguilera, Britney Spears, etc. Artistas que vienen empaquetados con una marca que trae su propia maquinaria publicitaria detrás de ellos y que, por tanto, les garantiza la promoción del evento, que, seguramente, se convierte en éxito económico.
Mi empresa promotora, Lachman's Happenings (al igual que mi galería de arte) es una micro empresa, que se dedica a organizar eventos y conciertos diferentes, con propuestas intelectuales "con sentido" cultural. Cuando traigo artistas extranjeros, estos no son de los comerciales o taquilleros, ni traen una marca que les garantice publicidad segura y mercadeo del evento. Pretendemos ofrecer una alternativa diferente que permita ver el mundo desde otra perspectiva. No con esto quiero menospreciar a los artistas que arriba cité, ni a los empresarios que los traen, pero sí es muy importante poder entender las diferencias que separan el "arte comercial" de aquel que se distingue y pasa por encima de las modas, que se destaca por su originalidad, técnica y estilo, que no sucumbe ante el tiempo y, además, contiene intrínseca una propuesta. El buen arte.
Sin embargo, el objeto de este artículo es desahogar la frustración frente a las trabas que establece el Gobierno en los trámites para traer a los artistas extranjeros, o para hacer un evento público: leyes, reglamentos, resoluciones, que cambian de un día para otro sin aviso previo a los afectados. Solo por mencionar algunos de los pasos y sus dificultades, tenemos:
Contratar a un abogado para todos los trámites. Hacer trámites en Migración, ya que los artistas no pueden entrar con una visa de turista que soliciten en el consulado respectivo. Si son cubanos, requieren de visas autorizadas que van al Consejo de Seguridad por si acaso son terroristas, y además hay que advertirles que se preparen a que los traten como delincuentes a su entrada al país, como le pasó recientemente a Pablo Milanés en el aeropuerto de Tocumen.
Todos los artistas deben darle una cita (el día que llegan o al día siguiente) al "filiador" de Migración y al del Ministerio de Trabajo para que "llenen" los datos en el formulario de rigor, y hay que pagarles a esos funcionarios públicos honorarios profesionales sin facturas ni recibos oficiales.
"Hay que pagar un impuesto del 17.5% al Ministerio de Economía y Finanzas por el valor del contrato con el artista, "valores en especie" (?) y viáticos por razón de 20 dólares diarios por artista, pero ojo, que esto nos los cobra el ministerio, no el artista. Adicionalmente, como parte de los requisitos del Ministerio de Trabajo, hay que hacer un contrato con artistas nacionales y otro con artistas folclóricos y además hay que pagar el 17.5% del pago de todos los honorarios al Mitradel para que se reparta entre la Unión Nacional de Artistas de la Música, Sindicato de Trabajadores de la Música y Sindicato de Trabajadores del Arte en Panamá, tres "entidades" que son claras garrapatas del Estado, que viven a costilla del trabajo ajeno sin hacer nada, y que, según palabras textuales del Ministro de Trabajo, "sabido es que el pago a los sindicatos proviene de legislación que tiende a proteger a los músicos y artistas nacionales". ¿Protegerlos de qué? ¡Cobran por no hacer nada! Esto no es más que el resabio de la política proteccionista, populista, que ha promovido tanto atraso y corrupción a nuestro país.
El Centro de Convenciones Atlapa, cobra la módica suma de B/.7,000.00 por alquilar el teatro Anayansi, en mal estado, y con equipos de luces y sonido deficientes. A partir de enero de este año, los directivos ejecutan una ley que, según ellos, "siempre existió, pero nadie aplicó", que establece el pago adicional del 5% de la boletería. Un funcionario de su departamento de contraloría llega, sin la presencia del empresario, y se lleva la "taquilla" para contar los boletos, sin separar los diferentes precios y los boletos de cortesía. ¡Tremenda arbitrariedad sin testigos!
Un funcionario de TesoreríaMunicipal se aparece a nuestra oficina con un recorte de periódico, donde sale un anuncio del evento que organizamos, y con una fotocopia pésima de la disposición municipal que establece, (también desde enero de este año), que el municipio cobra un impuesto de "evento publico". Antojadizamente un día cobran 700 dólares por un evento masivo, y al otro 1,000 dólares por uno pequeñito que se hace en un salón de hotel. ¿Cómo es posible esta gran diferencia? ¿Acaso revierte esto a nuestra ciudad capital, que se encuentra en su peor caos urbanístico, de contaminación ambiental, acústica, visual, de basura regada, y la peor inseguridad criminal de su historia?
Al final de este relato, llegamos a la conclusión de que todos estos gastos sumados, hacen que no se recaude suficiente ingreso, y que si el evento era a beneficio de una obra social o fundación sin fines de lucro, en vez de la donación esperada, esta solo recibe el listado de cuentas por pagar al Gobierno. Que a pesar de no tener ninguna ganancia financiera hay que pagar impuestos sobre pérdidas. La política cultural del Estado o más bien la falta de ella, va dirigida a que prevalezca la cultura light, hueca y sin sentido, y que sigamos cultivando una sociedad cada vez más lumpen, por no decir "runcha" y vacía. Que nuestros gobernantes siguen promoviendo la cultura del juega vivo y que las políticas legislativas y de recaudación para estos eventos, promueven la inseguridad jurídica y la corrupción. Así, ¡no provoca hacer nada más!
La autora es galerista y promotora cultural
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