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Reportaje especial
Panamá, viernes 8 de junio de 2007
 

CALIDAD PROFESIONAL.

‘Doctor’

I. Roberto Eisenmann

En múltiples ocasiones he manifestado mi admiración y confianza por los médicos panameños. En mi caso, a menos que mi problema de salud requiera de una máquina que no hay en Panamá (una situación cada día menos probable) prefiero quedarme aquí y, si estuviera en el exterior me vendría para Panamá, donde el profesionalismo, conocimiento y calor humano de nuestros médicos es de calidad mundial.

Entonces ¿a qué viene este artículo?... a que la medicina, la profesión médica y la relación médico-paciente -como todo- están cambiando en forma veloz.

Hay grandes avances en la medicina. Hay dos tercios menos de muertes por enfermedadescardíacas. Las muertes por cáncer de mama han disminuido más de 25% en menos de dos décadas, y un largo etcétera que permite que quien escribe esté todavía escribiendo, con doce años más de edad que la que tenía mi padre al morir.

Sin embargo, a pesar de estos avances y éxitos de la medicina, éstos nunca nos parecerán suficientes. El mejoramiento de la calidad de vida del ser humano es una tarea perpetua que no admite descanso… y aún más importante es asegurar que la mejor medicina de la que somos capaces sea accesible a nuestra gente más vulnerable. No hay una sola muerte por inaccesibilidad a la medicina moderna que sea aceptable, y en este campo hay un déficit enorme que constituye un escándalo nacional de proporciones terribles.

A pesar de la calidad profesional de nuestros médicos, todavía el 15% de los diagnósticos no es correcto (estadística mundial) y en EU -en una encuesta con mil 600 médicos- 9 de cada 10 reportaron alguna relación con las multinacionales empresas farmacéuticas.

En un libro reciente titulado Cómo piensan los Médicos (How Doctors think) de Jerome Croopman, se indica que los médicos tienen que aprender a pensar distinto. Hoy una sólida base de conocimiento médico no parece ser suficiente para ser un buen médico o cirujano. Investigaciones sugieren que los errores en medicina, en su mayoría, no son técnicos, sino errores en pensamiento. La intuición no siempre es confiable, pero la pretensión de que la medicina es totalmente un proceso racional también está equivocada. El médico debe promover una colaboración con el paciente que muchas veces hace falta. La temperatura emocional entre médico y paciente juega un papel importante en el éxito del diagnóstico y del tratamiento.

Hace pocos años la medicina era una profesión masculina y el médico se consideraba parte de una élite social merecedora del respeto de la sociedad; esta versión de la profesión está ahora moribunda. Para comenzar, observe las graduaciones de las escuelas de medicina y verá más mujeres que hombres. Los pacientes tienen acceso a casi la misma información científica que los médicos; por eso la sociedad es menos propensa a aceptar la sagrada autoridad del médico, y en consecuencia hay más exigencia a que los médicos rindan cuentas a la sociedad.

Todos estos cambios tienen sus vertientes positivas y negativas, pero lo cierto es que el médico, además de conocimiento, buen juicio, compromiso, vocación, altruismo e integridad, cada día debe darle mayor importancia a la relación humana con su paciente.

Es allí donde la medicina en Panamá supera en mucho la de los centros mundiales para quienes, como yo, tenemos acceso a la mejor medicina que ofrece nuestro país.

Pero… ¿y qué de los pobres que por razones burocráticas no tienen acceso a ella?... lograr esta inclusión debe ser la más alta prioridad de la profesión médica de nuestro Panamá… y el momento es ahora… cuando está trabajando arduamente una mesa de concertación en el tema de salud pública.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana



 
 
 
 
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