| LA LABOR DE LA POLICIA.
Un día seguro
Antonio José Rivera
Si usted para a alguien en la calle y le dice: "buenas, cómo está, ¿me podría ayudar a...? Prácticamente se corre un riesgo, no por lo que le vaya a hacer la persona abordada, sino por lo que ella cree que usted está haciendo. Si se queda en el mismo lugar por más de 10 minutos y le pregunta lo mismo a otra persona que pase, seguro alguien llama a un policía. No creo que salga lastimado, nadie le va a hacer nada, solo que con esa actitud cualquiera sospecharía de usted.
Y no estoy exagerando, vivimos en un clima tan contaminado de inseguridad, que la paranoia hoy es un hábito. Hay muchas formas de alarmarse, de entrar en ansiedad y angustia, a través de los noticieros, la internet, los correos electrónicos, los cuentos etc., etc; que salir a la calle pronto será como ir de cacería. No digo que no saber lo que está pasando es bueno, andar ignorante por ahí tampoco es lo usual, estar prevenido y a la defensiva es recomendable, pero ¿qué está pasando que cada día uno se siente más inseguro? Y fíjese que hoy tenemos -se supone- más seguridad en las calles; la Policía Nacional y la seguridad privada representan una fuerza armada importante para un país tan pequeño, al menos en la capital.
Al lugar que usted vaya nunca falta una cámara, o un seguridad disfrazado. Las residenciales tienen garitas, las casas sofisticados sistemas de seguridad, las escuelas privadas también, y no quiero detenerme a pensar en cuántas armas han sustituido al perro guardián. O cuántas armas andan por ahí de la mano de un chiquillo.
¿Cuál es el problema entonces?, ¿por qué cada día que pasa el director de la policía parece más un rehén que el líder que todos queremos ver combatiendo al delincuente y fortaleciendo la seguridad? Yo no voy a hablar de estadísticas, eso solo sirve para las memorias y sustentar presupuestos; decía Stalin que un muerto es una tragedia, mil muertos una estadística. Es cierto, y nos sucede con todo, se murió un cantante, lo lloramos todos, se mueren más de cien personas en Panamá y solo lo lloran los que dejó.
El director de la Policía está seguro, y no es una ironía, y sabe lo que dice cuando afirma que a veces sentirse seguro es más importante que estar seguro. Estoy totalmente de acuerdo con eso, nadie está seguro en esta vida, pero sentirse seguro en una sociedad civilizada, es un pleonasmo. Significa que salir de tu casa y regresar más tarde, debe ser un acto natural y espontáneo, y no una acción temeraria y arriesgada. Si yo no me sintiera seguro, no saldría de mi cama, pues mis hipotéticos enemigos estarían esperándome y yo tendría que armarme todos los días para librar mi última batalla. Esta elocuente frase es tan reveladora que todavía me cuesta creer que haya salido del director de la Policía. Que la diga el Ministro de Salud, lo entiendo, pues uno está expuesto a cuanto virus y enfermedades hay por todas partes que de verdad da miedo hasta respirar. Pero, ¿cómo tú le vas a decir a la población, prácticamente, sálvese quien pueda, cuando lo que se espera es vivir en un país donde de frontera a frontera las 24 horas al día, los siete días de la semana se tiene la certeza que los que cuidan son policías?
Hacer que la gente se sienta segura es prioritario, pero ¿cómo se logra esto? En una entrevista decía Mirones: "Nuestra obligación no es solo dar seguridad, sino también hacer que la gente se sienta segura. Bueno, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Señor director, si usted puede hacer que uno se sienta seguro, dígame dónde queda su logia. Y no me estoy burlando; entonces es cierto que Cristo ya llegó. Hay que tener cuidado con los términos, en el afán de querer enganchar en la opinión pública se dicen cosas que no tienen sustento. El trabajo de la Policía es prevenir, proteger, educar, formar, y como última instancia repeler, y si ésta se da, significa que en todas las anteriores fracasaron. No me parece tampoco refugiarse en el sofisma de que este es un trabajo que toma tiempo, o hemos heredado una institución... o la delincuencia lleva años, etc., etc, no creo que sean excusas; estas afirmaciones no son más que una velada declaración de incapacidad.
Todos sabemos cuál es la realidad histórica de la Policía y de Panamá, recordarlas es oficio solo de los historiadores. Bien, tenemos una policía desmilitarizada, pero, despolitizada, no. Tenemos una Policía que sabe dónde se cometen los delitos, una vez que estos pasan, lo que queremos es una institución bien informada, que así como logre prevenir los delitos igual investigue para evitarlos.
Decía un sobreviviente de los Andes, Nando Parrado, luego de superar una prueba de vida, que todos los días y a cada instante la vida y la muerte se entrelazan, es decir, hay cosas que no tienen control. Lo único seguro es la muerte y que nos parió una mujer. Todo lo demás es tinta. Hoy la Policía tiene un gran problema, quiere hacer un papel que no le corresponde, y está más que probado que no puede con todo, debe concentrarse en lo medular, es decir, prevenir y perseguir el delito. La seguridad debe ser una meta ciudadana, y como tal sujeta a un proceso donde muchos debemos comprometernos con las instituciones llamadas por ley a hacerlo.
El autor es ciudadano panameño
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