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Panamá, domingo 3 de junio de 2007
 

INTOLERANCIA HACIA LA CRÍTICA.

‘RCTV’ y el efecto dominó

Eduardo Ulibarri

Mientras, en Venezuela, Hugo Chávez cierra Radio Caracas Televisión (RCTV), asedia a Globovisión y enfrenta a otros medios y periodistas con una "Ley de Contenidos" y un Código Penal de facturas represivas, ¿cómo le va a la prensa independiente en Bolivia, Ecuador y Nicaragua?

Mucho mejor. Porque ningún medio en esos tres países ha sido silenciado; aún prevalece en ellos una intensa discusión pública, y los poderes de sus presidentes están más contenidos que los del supremo venezolano.

Pero, ¿hasta cuándo? Esta es la pregunta clave. Porque Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega ya han dado inquietantes pruebas de intolerancia hacia la crítica, desdén por el periodismo independiente y voluntad por reducir su ámbito de acción.

En medio de la crisis alrededor de RCTV, Morales aseguró que su gobierno nunca cerrará un medio de comunicación boliviano. Sin embargo, en más de una oportunidad ha utilizado turbas para asediar o atacar a periodistas, ha asegurado que su administración es "víctima del terrorismo mediático" y ha calificado a los propietarios de prensa, radio y televisión como "terratenientes" y representantes de la "oligarquía".

Además, con petrodólares venezolanos, ha montado una red de emisoras radiales afines al Gobierno, y ha convertido al canal estatal en un medio de corte propagandístico. Pero lo más inquietante, hacia futuro, es su desdén general por el estado de derecho y la posibilidad de que la Constitución, actualmente en debate, establezca normas restrictivas para los medios y la libertad de expresión.

Esta misma inquietud, aunque en etapa más incipiente, existe en Ecuador. Aún no ha sido integrada la Asamblea Constituyente que impulsa el presidente Correa. Sin embargo, dada su alta popularidad, es casi seguro que obtendrá mayoría, y que la nueva Constitución reflejará su tendencia hacia el control informativo.

El más claro ejemplo de la intolerancia presidencial fue la acusación contra el director del diario Hoy, Rafael Vivanco, por "desacato", un delito heredado del autoritarismo de otras épocas, que penaliza con cárcel a quienes ofendan o irrespeten al Presidente. La "ofensa", en este caso, fue un editorial que lo criticaba por pretender "gobernar con tumultos, piedras y palos"; es decir, un comentario en línea con el ambiente de crispación y conflicto que ha vivido el país.

Al presentar la acusación, el 10 de mayo, el director jurídico del Gobierno amenazó a todos los que difundan publicaciones "sin sustento y calumniosas". Como esas cualidades las definirá el Presidente, y como el desacato le ofrece un garrote ideal, la presión contra la libertad de expresión es evidente.

En Nicaragua, desde que Daniel Ortega y el Frente Sandinista llegaron al poder, en enero, han aplicado una política de comunicación centralizada, que privilegia a los medios oficiales o afines y discrimina a los independientes.

Hay señales de que la publicidad estatal se ha comenzado a usar para premiar a aliados y sancionar a presuntos enemigos, y han surgido intentos para cooptar algunas organizaciones periodísticas. Además, las exoneraciones fiscales que, por disposición constitucional, disfrutan los medios para importar insumos y equipos, han sido limitadas. Y existe creciente inquietud por la forma en que el Gobierno manejará la adjudicación de frecuencias, un ámbito sobre el que, generalmente, la situación no ha sido clara.

A esto se suma un reciente hecho de suma gravedad. Por denunciar en su programa de televisión Esta Semana una red de tráfico de influencias conformada por miembros del Gobierno y el partido gobernante, su director, el respetado periodista Carlos Fernando Chamorro, fue convocado a la Fiscalía, para interrogarlo. La posibilidad de un juicio es alta, y la de imparcialidad muy baja, porque los sandinistas ejercen fuerte control sobre el Poder Judicial.

Todas estas situaciones se quedan pálidas frente a la arremetida de Chávez, que tiene varios años de andar y que, con el cierre de RCTV, llegó a una extrema cumbre de represión.

Sin embargo, los elementos comunes de intolerancia, desdén por la independencia periodística y voluntad de imponer su criterio evidenciados reiteradamente por Morales, Correa y Ortega, conforman una tendencia muy preocupante.

Cuál será su evolución en cada uno de sus países, dependerá de qué ocurra con sus instituciones. Las de Nicaragua, aunque muy débiles, parecen las menos amenazadas: la oposición es más fuerte y Ortega, más moderado que sus colegas andinos. Pero en Bolivia y Ecuador los riesgos son enormes, y la voluntad de Chávez por incrementarlos, indudable.

Frente a ellos, una de las pocas esperanzas es que el enorme repudio interno y externo generado por la eliminación de RCTV sirva de advertencia y contención contra los excesos en La Paz y Quito. Pero, a pesar de esto, el pronóstico es oscuro y el "efecto dominó" podría activarse a corto plazo.

El autor es periodista y fue director de La Nación, de Costa Rica



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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