| DEBEMOS SER EXIGENTES CON NOSOTROS MISMOS.
El propósito de cada día
Marie L. G. De P. de Cornejo
En una ciudad de Norteamerica en los años 90 nacieron unos mellizos prematuros y bajos de peso. Al paso de los días uno de ellos se tornaba fuerte y saludable, mientras que el otro se apagaba lentamente. Preocupada, una enfermera de la unidad neonatal del hospital tuvo la idea de colocar a los hermanitos en la misma incubadora, pensando que la cercanía que habían compartido desde su concepción haría al bebito enfermo sentirse mejor. El mellizo más fuerte inmediatamente posó su bracito encima de su hermanito enfermo como si tratara de protegerlo y a partir de ese día, su mejoría fue en aumento hasta que el niño salió del peligro y sobrevivió.
El caso cobró fama porque puso en evidencia que la conectividad afectiva de un bebé pudo hacer que el otro bebé superara sus problemas. Esto demuestra que desde la cuna, todos somos receptivos a un entorno positivo o negativo y dependiendo de esas influencias, nos proyectamos en las distintas facetas de la vida.
En el mundo actual existen poderosas fuerzas que nos hacen perder o desviar el camino, dejar de velar por nuestro porvenir y renunciar a superarnos. Debemos aprender a compensar estas fuerzas negativas con propósitos y metas a corto y largo plazo, empezando por objetivos sencillos e ir aspirando a metas más difíciles a medida que vamos logrando los primeros. Es como escalar una pirámide. Los primeros escalones son anchos y son muchos los que empiezan, pero a medida que se va subiendo se reduce el espacio y se van haciendo menos los que continúan aspirando llegar a la cima.
Para lograr nuestros propósitos debemos ser exigentes con nosotros mismos. Estamos muy acostumbrados a perdonarnos y esperar que perdonen nuestros errores, y lo que es peor a cometerlos de nuevo, siempre justificándolos con la consabida frase "mañana será otro día". Así, nos pasamos la mayor parte de nuestra vida, sin apuro alguno en rectificar nuestro camino.
El reconocido conferencista motivacional Joachim de Posada decía, en una de sus columnas, que para lograr el éxito es de suma importancia vivir con un sentido de urgencia.
Quienes tienen sentido de urgencia, no se detienen a perder el tiempo ni consumen sus minutos en cosas que no valen la pena. Como diría de Posada, es como retirar dinero de tu cuenta bancaria y tirarlo por la cañería.
Por lo tanto, debemos ser cuidadosos al invertir nuestro tiempo. Al igual que hacemos con nuestro dinero, si nadie, sano de juicio, invierte en algo que dará pérdidas, ¿por qué hacerlo con nuestra vida? Son muchos los que sucumben en un mundo de pereza mental y pobreza espiritual, porque es mucho más fácil dejarse llevar por las tentaciones, que luchar por obtener el éxito.
Hace varios años, ojeando una revista, recorté una frase que coloqué en un lugar donde todos en la familia podíamos leer a diario: "No te conformes con formar parte de un mundo mediocre". Es una frase fuerte, certera, cortante, que cala profundamente y que te empuja a luchar duro para lograr el éxito. Es un constante recordatorio de que la mediocridad es como la hiedra que invade y destruye.
Muchos opinan que las personas exitosas solo han tenido suerte, pero la realidad es que simplemente ellos se hicieron un propósito, y sin perder el tiempo dedicaron cada minuto de su día para lograrlo.
La autora es panameña residente en EU
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