| GUERRA INÚTIL.
Adiós, Jenna: Betty Brannan Jaén
Betty Brannan Jaén
Washington, D.C. -En los nueve meses que Jenna Bush estuvo de paseo en Panamá, unos 800 jovencitos gringos murieron en la guerra inútil y deshonesta que su papá tiene andando en Irak. Hasta ayer, 3,476 militares norteamericanos habían muerto en esa guerra, junto a, quizás, 20 mil soldados con heridas muy graves (es decir, vidas destruidas o trágicamente alteradas, y no hay cifras exactas) y unos 60 mil muertos iraquíes (tampoco hay cifras exactas). La masacre de Virginia Tech no es nada comparada con lo que ocurre todos los días en Irak.
Pero el hombre responsable de la catástrofe en Irak tiene dos hijas --Jenna y Barbara, mellizas de 25 años de edad-- que se pasean el mundo como si nada de esto tuviera que ver con ellas. No faltará quien diga (como con Martín) que los hijos no cargan con los pecados de los padres, pero yo respondería (igual que con Martín) que quien se arropa en el manto del padre tiene que aceptar alguna medida de responsabilidad por sus crímenes. En el caso de Torrijos hijo, esto significa reconocer los crímenes de la dictadura y hacer justicia a sus víctimas (no "virar la página"). En el caso de estas muñequitas Barbie --perdonen, quiero decir las muñequitas Bush-- esto significa que si ellas están de acuerdo con la guerra, debieran tener la valentía de irse a Irak dispuestas a morir por la causa; pero si no la apoyan, deben tener igualmente la valentía de denunciarla y usar su influencia en la Casa Blanca y como celebrities para ponerle alto.
Lejos de hacer una cosa u otra, Jenna Bush ha sido objeto de titulares en todo el mundo proclamando como si fuera la gran cosa que le han dado un contrato jugoso para escribir un libro sobre su experiencia en Panamá (supuestamente trabajando con víctimas del sida, como parte de un programa de Unicef). Se nos dice que el libro será un llamado a que "los jóvenes hagan servicio social", como si Jenna tuviera autoridad moral para hacer semejante llamado. Como observó la autora Kitty Kelley recientemente, el único servicio social que Jenna había hecho antes de irse a Panamá fue como castigo de un tribunal penal que en dos ocasiones atendió sus arrestos por consumo ilícito de alcohol (cuando era menor de edad, en 2001). Según medios estadounidenses, Jenna llegó a una de las audiencias luciendo chancletas flip flop, pantalones rosados a la rodilla, y una camiseta de tiritas de esas que están prohibidas en Panamá para quien desee tomarse una foto de pasaporte. Acepto que uno no debe juzgar muy severamente las imprudencias de los jóvenes --todo padre ha sufrido mortificaciones de este tipo-- pero no por eso me voy a tragar ahora que los publicistas de la Casa Blanca me pongan a una Jenna como modelo de virtud ciudadana. Además de su trayectoria innegable, el hecho es que un año viviendo en Panamá con todas las comodidades de niña mimada no es exactamente un sacrificio; un genuino servicio social hubiera sido ir a construir letrinas o algo parecido en algún pueblito remoto de un país muy pobre, como hacen los voluntarios admirables del Cuerpo de Paz.
Por lo mismo, ¿con qué cara puede George W. Bush pedir que otros padres estadounidenses envíen a sus hijos a morir en Irak cuando él y los demás arquitectos de la guerra no lo hacen? Ni Cheney, ni Rice, ni Rumsfeld, ni Wolfowitz tienen hijos o hijas en servicio militar en Irak. Nadie en el gabinete de Bush o en la Corte Suprema los tiene. Nadie en toda la familia Bush --ninguno de todos esos primos y sobrinos-- está allá.
La conclusión inescapable es que para Bush y su combo, guerra es algo que se pelea con vidas ajenas e hijos ajenos. El propio Bush evadió la obligación de hacer servicio militar en Vietnam con un puesto que le consiguieron en la Guardia Nacional de Texas, donde ni siquiera fue capaz de cumplir con sus responsabilidades. Su vicepresidente Richard Cheney --que hoy se hace pasar por halcón patriótico-- también evadió servicio militar en Vietnam, diciendo luego sin vergüenza aparente que él tuvo "otras prioridades". Ambos osan cuestionar el patriotismo de quienes se oponen a la guerra en Irak, mientras que yo más bien cuestiono el patriotismo de quienes fraudulentamente hunden su nación en una guerra que requerirá sacrificios terribles que ellos no están dispuestos a compartir.
La autora es corresponsal en Washington
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