| ASAMBLEA DE LA OEA.
América unida en Panamá
Paulino Romero C.
La presencia de los cancilleres y embajadores ante la OEA de las naciones americanas, desde la más grande y poderosa hasta la más pequeña, en este puente del mundo que abrió sus entrañas para contribuir al beneficio de la humanidad, con motivo de su participación en la 37 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos que se celebrará desde el domingo 3 hasta el martes 5 de junio, ha sido acogida con jubiloso entusiasmo por todos los sectores de nuestro pueblo, el cual tiene plena conciencia del honor que se le ha concedido.
El tema principal a debatirse en esta nueva "cita en Panamá" es la "Energía para el Desarrollo". Se busca establecer una política económica eficaz de mutua colaboración, que pueda ayudar de manera positiva a los países de la región a diversificar sus fuentes de riquezas, a variar su actual estructura económica y a emprender el camino de una progresiva industrialización que asegure en el futuro la emancipación de los mercados exteriores de abastecimiento en varias líneas importantes. Con ello, aumentará el consumo interno, se elevará la calidad de vida de la población y, con mejor sistema de salud, mayor número de escuelas, de hospitales, de vías de comunicación, los pueblos americanos lograrán ir superando con ritmo acelerado las distintas etapas hacia el progreso.
El desenvolvimiento económico y social del continente, aspecto que figura entre los objetivos de la organización, ha de ser tema preferente de las deliberaciones que se desarrollarán durante el tiempo que duren las sesiones programadas entre los cancilleres americanos y es uno de los aspectos más fundamentales y de mayor proyección de la magna asamblea a celebrarse en nuestra capital. Así, podrán considerarse satisfechos los representantes de la OEA, inspiradores y fomentadores de la trigésima séptima asamblea general, quienes en nuestro suelo tuvieron la oportunidad de hacer más sólidos los sentimientos de solidaridad continental.
Acaso la circunstancia feliz de haber sido Panamá la sede del Primer Congreso Panamericano, convocado por el Libertador Simón Bolívar, y la situación geográfica que nos coloca en el centro del continente, se haya tomado en cuenta para que se nos otorgara la histórica misión de servir de huéspedes a los ilustres visitantes de las naciones interesadas en la aplicación y el desenvolvimiento de los ideales proclamados por el Libertador. En todo caso existe la certeza de que en nuestro país encontrarán ellos la cordialidad, el afecto y la comprensión de las panameñas y panameños todos, quienes les brindarán las facilidades y las atenciones de que les es posible disponer.
El pueblo panameño acoge con alborozo esta oportunidad de demostrar a los hombres y mujeres que colaboran estrechamente con los mandatarios que dirigen los destinos del continente americano, no solamente sus firmes convicciones democráticas y la autenticidad de sus ideales panamericanistas, sino también su sentimiento de fraternal cariño por todos los pueblos del continente y su caballerosidad e hidalguía tradicionales. Cada ciudadana y ciudadano panameño, sin distingos políticos ni de ninguna otra clase, igual que cada uno de los extranjeros, americanos o ciudadanos de cualquier otra parte del mundo que convive con nosotros, hará cuanto esté a su alcance para que sea lo más grata posible la estada en nuestro territorio de los distinguidos visitantes.
¡La misión será cumplida y el cielo de América lucirá el sol esplendoroso de la libertad, la fraternidad y la democracia, como habrá de brillar siempre!
El autor es diplomático y director general de la Academia Diplomática "Ernesto Castillero Pimentel" de Panamá.
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