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Reportaje especial
Panamá, miércoles 30 de mayo de 2007
 

‘PATRIA NUEVA’.

Megaproyectos, megadesastres y megacorrupción

Carlos Guevara Mann

"Todo es del color del cristal con que se mira", dice el dicho. Si usted vive en la barriada Nueve de Enero o en las comunidades kunas incendiadas, o si tiene algún familiar o pariente que falleció en el incendio del autobús o como resultado del consumo del guayacolato envenenado, éste es el gobierno de los megadesastres. Pero si usted es asiduo lector de las gacetillas que emanan de los despachos públicos -y cree fielmente en su contenido- la papa nueva es la administración de los megaproyectos, del inminente inicio de actividades económicas que producirán bonanza sin precedentes y catapultarán al pueblo panameño, enseguida y sin demoras, a los predios del primer mundo.

El alud de noticias sobre proyectos económicos de gran envergadura es continuo e imparable. Semanalmente nos informan los medios -nacionales y extranjeros- sobre el pronto inicio de actividades en diversos ramos de nuestra vulnerable economía: desarrollos inmobiliarios y turísticos que alimentan la especulación y tienen efectos imponderados sobre el medio ambiente o el patrimonio histórico; autopistas que se construirán mediante concesiones otorgadas a la ligera; la ampliación del Canal, cuyas consecuencias financieras, ecológicas y sociales no han sido responsablemente evaluadas; y, más recientemente, la erección de dos (¿o tres?) refinerías que nos convertirán en una potencia petrolera regional, más exitosa que la Venezuela autoritaria y populista de Hugo Chávez.

Sobre los megaproyectos petroleros, el último número del servicio informativo internacional Noti-Cen (24 de mayo) trae un interesante artículo cuyo eje son los acuerdos firmados por el team con el consorcio EDC, por un lado y con Occidental Petroleum (junto con el Gobierno de Qatar), por otro, para la construcción de refinerías en Colón y Puerto Armuelles, respectivamente. La inversión estimada en la primera es de 6.5 mil millones de dólares; la refinería de Puerto Armuelles, dice Noti-Cen, requerirá una inversión aproximada de 8 mil millones de dólares. Además, dice el informe, hay posibilidades de que una tercera refinería, auspiciada por el Plan Puebla-Panamá, también establezca su sede en nuestro territorio. Como esa se construiría con una planta termoeléctrica, el costo de la inversión ascendería a unos 6.7 mil millones de dólares.

A individuos corrientes, como a usted y como a mí, la mención de tantos miles de millones de dólares nos marea y ataranta. ¿Cuánto son mil millones de dólares? Semejante cifra es inconcebible para quien a duras penas puede asumir el costo de la canasta básica familiar, que -por cierto- sigue aumentando de manera preocupante cada día que la papa nueva permanece en el poder. (Y, como su "proyecto" -el verdadero "megaproyecto", revelado en la Asamblea por el diputado "norieguita" -es permanecer en el poder no cinco, sino 25 años, eche números y calcule usted cuánto costará una micha de pan en el año 2029. El pueblo tendrá que comer, como en Haití, tortas de lodo, porque la plata no alcanzará para darse el lujo de consumir ni frijoles, ni carne, ni arroz, ni plátano verde o maduro).

Usted se preguntará, amable lector, si son ciertas las noticias sobre tanto megaproyecto, sobre todo si son emitidas por voceros de la papa nueva, cuyos orígenes radican en la dictadura de Carmelo, el que está en el cielo. En otras palabras, se preguntará si los proyectos se realizarán o si son solo cantos de sirena. Porque, como bien lo recordará usted -y lo dejó anotado la Dra. Brittmarie Janson Pérez en su libro sobre la protesta política durante los años de la dictadura (Panamá protesta, IEPI: 1993)- con el fin de promover una falsa imagen de eficiencia y buen gobierno, era práctica común de la satrapía torrijista difundir noticias sobre la inmediata puesta en marcha de grandiosas actividades, que nunca se llevaban a cabo (porque sus planes no habían sido completados o porque los jenízaros y sus secuaces se robaban la plata).

Pero bueno, presumamos que son ciertas (las noticias). Después de todo, no podemos ser tan malpensados. Inquiramos entonces: ¿quiénes serán los beneficiaros de las fabulosas iniciativas? ¿O quiénes se han beneficiado ya de su concepción y divulgación? Porque, no vaya usted a pensar que la política (o politiquería) es de otra manera. En la política, todo se paga y se cobra. Solo los ingenuos como usted -o como yo- aportan sus esfuerzos gratuitos en la redacción de planes de gobierno o el establecimiento de vínculos con personalidades relevantes, por ejemplo. El verdadero y auténtico político criollo es el que cobra por sus servicios. Si aporta una conexión valiosa o gestiona un contrato, cobra. Si consigue donaciones para campañas o partidos, cobra. Si vota en la Asamblea a favor de una propuesta interesante, cobra -y el pago se da mediante nombramientos en la burocracia estatal, el otorgamiento de concesiones mineras o de fondo marino (por interpósita persona, naturalmente, porque la Constitución prohíbe dichos otorgamientos directamente a los diputados) o mediante la entrega de abultados sobres. Si tramita algo tan simple como una entrevista, cobra. Hay traficantes (los medios los llaman "políticos") que se instalan en las antesalas de los despachos ministeriales o presidenciales y cobran 10 mil, 20 mil ó 30 mil dólares por una reunión con encumbrados personajes. O más.

¿Quién puede desear una entrevista con el muñeco?, es algo que ignoro. ¿De qué hablarían? ¿Del primer BMW que le regaló tío Tony? ¿De cuántas hamburguesas preparó para McDonald's? ¿Del viaje a Disneyworld regalado por el Toro? Pero ese no es el punto. El punto es la corrupción del sistema político y la megacorrupción impulsada, en países sin institucionalidad y sin controles, por los megaproyectos. Y de los megadesastres que agobian a las clases populares. Así que mientras continúo un periplo educativo que me ha llevado al viejo continente, le dejo de tarea averiguar quiénes se han beneficiado ya -y se seguirán beneficiando- de la megacorrupción de la papa nueva.

El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior



 
 
 
 
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