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Reportaje especial
Panamá, martes 29 de mayo de 2007
 

INDIGENCIA. En David, crece la cantidad de mendigos y enfermos mentales.

Con la tristeza en los huesos

Las autoridades municipales dicen no tener ningún proyecto especial para atender este problema.

El Ministerio de Desarrollo Social en esa provincia advierte de que 450 niños piden dinero en las calles.

LA PRENSA/Boris Gómez
En el olvido. Muchos de los indigentes en David duermen en el atrio de la Iglesia de la Sagrada Familia, en el centro de la ciudad.856898
Boris Gómez

DAVID, Chiriquí

El reformado edificio del Banco Universal en David y la Iglesia de la Sagrada Familia están muy cerca, a solo 300 metros. Ambas construcciones son el reflejo de la diferencia que puede haber en una sociedad en la cual unos progresan por su esfuerzo y trabajo, mientras que otros tocan fondo ante la indiferencia de las autoridades.

El banco es el único fundado con dinero y esfuerzo de accionistas chiricanos, que por estos días culmina la reconstrucción del edificio en que nació; mientras que la entrada de la iglesia es el principal refugio de los indigentes en la ciudad de David.

En esta temporada lluviosa, el atrio del templo religioso recibe a por lo menos cuatro inquilinos que descansan allí cada noche. Dos son alcohólicos, uno orate y otro un discapacitado que también sufre de alcoholismo. Duermen en la misma posición siempre, como si las duras camas de cemento tuvieran dueños.

Pero no solo en la calle tercera hay indigentes. En la calle F sur hay una mujer de unos 60 años que es famosa por hacer sus "necesidades" a plena luz del día. Dicen que su problema es "asunto de medicamentos" y que hace algunos años fue tratada y mejoró sustancialmente; pero su benefactora murió y tuvo que volver a la calle.

En distintas paradas de buses hay indigentes que las usan como dormitorios. También utilizan una terminal de bus que se halla solitaria frente al cementerio de la ciudad.

La peor explotación

En la Avenida Obaldía, una importante arteria comercial, opera un sindicato de mendigos organizados, en su mayoría de raza indígena. Danilo Urriola, propietario de una panadería en esa vía, aseguró que hay "una red de adultos" que se dedica a poner a niños en esa actividad.

"Creo que esos niños deben ser educados y el Estado les ofreció un territorio extenso en la Comarca Ngöbe Buglé para que con una mejor educación vayan forjando un beneficio para su etnia. No tendrán un buen futuro si crecen pidiendo dinero, sin aprender un oficio", opinó.

Para muchos comerciantes, en cambio, los niños mendigos son un dolor de cabeza. "No les enseñan higiene personal y hacen sus necesidades físicas en la calle", dijo con pena un comerciante.

Mides confirma casos

La directora del Ministerio de Desarrollo Social en Chiriquí, Gloria Rivera, señaló que la cifra de niños "en la calle" asciende a 450. "Abandonaron la escuela y se pusieron a pedir limosna o a vender artículos para sobrevivir en la calle", añadió.

Rivera comentó que el ministerio les ofrece becas para que puedan seguir estudiando. "Lo importante es que los padres, luego de la beca, colaboren y permitan que sus hijos sigan en el sistema escolar", dijo.

La alcaldía, sin proyectos

"No tenemos ningún proyecto para albergar a los indigentes ni alimentarlos", comentó, el alcalde de David, Francisco Vigil.

"Lo que sí podemos hacer es ofrecer un terreno para que se construya un albergue para los indigentes", agregó.

Un refugio de paz para los adultos mayores

En el Hogar Santa Catalina se atiende a los que dejaron todo y ahora no tienen nada. Ni dinero ni respeto ni una mano amiga que los rescate del olvido en sus últimos años de vida.En el centro viven 67 adultos mayores. Los administradores del lugar intentan hacer "maravillas" con los pocos recursos que reciben.

El Gobierno envía, según la religiosa que administra el lugar, 2 mil dólares por mes. A ello hay que sumarle las donaciones que hace la gente de David y los familiares de las personas que residen allí.De los 67 adultos mayores, 31 son mujeres y 36 hombres. Pero hay una cifra que nada tiene que ver con cuestiones de género. Está relacionada con la intolerancia: 10 personas adultas han llegado al hogar para encontrar la paz que no tenían en sus casas.

En otras palabras, llegaron al centro asistencial tras ser maltratados por sus familiares. La religiosa –que pidió no ser identificada– cuenta que algunos adultos mayores se escapan porque no aceptan las reglas del hogar.



 
 
 
 
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