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Reportaje especial
Panamá, martes 29 de mayo de 2007
 

20 AÑOS DESPUÉS.

Democracia, justicia y libertad

Carlos David Abadía

Las palabras que aparecen en el título de este escrito, constituyeron los tres objetivos por los que el pueblo panameño salió a las calles a luchar hace 20 años.

Un grupo de los que en ese momento lideramos la lucha, hemos decidido conmemorar ese histórico movimiento de la Cruzada Civilista, para que hagamos una reflexión sobre dónde estamos como país democrático, 20 años después.

En cuanto a la libertad, se tiene la percepción de que es el precepto que más ha evolucionado durante estos 20 años, pero aún con imperfecciones inaceptables que urgen mejorarse.

Sobre la justicia, podemos afirmar que tenemos una Corte Suprema desprestigiada, sin credibilidad, sin independencia del Ejecutivo; existe la percepción de corrupción e impunidad como característica principal. Su imagen no puede ser peor; realmente es una caricatura.

La democracia, por su parte, está muy lejos de ser por la que los panameños luchamos. La democracia no puede limitarse a procesos electorales confiables, que aún necesitan perfeccionarse mucho más en lo que respecta a la elección de diputados, para que se de la representación de las minorías, lo que irá a fortalecer la independencia del principal órgano del Estado democrático. La democracia es mucho más que esto.

La democracia exige ética, transparencia y profesionalismo a los que dirigen el Estado, lo que no ha existido durante estos 18 años, pues prevalece la soberbia del poder transitorio y se ignora los señalamiento de sectores serios y responsables.

El desprestigio de las instituciones del Estado, el alto grado de percepción de corrupción, la falta de credibilidad en las autoridades, el irrespeto a las leyes y acuerdos, en fin, el caos en que estamos viviendo como sociedad, son la muestra del peligro que corre nuestra democracia.

La democracia se fortalece distribuyendo oportunidades para todos por igual; no puede ser que hoy tenemos un crecimiento económico del 8% y el índice de nuevas plazas de trabajo solo ha crecido el 1.8%. De esta manera los ingresos millonarios del Canal, el auge del turismo y la industria de la construcción poco servirán para aportar solución a la pobreza.

Así como no existe progreso sin libertad, tampoco existe crecimiento económico, cuando la pobreza no disminuye. Nuestra mala distribución de riqueza, afecta nuestra democracia.

Todos los panameños debemos tener iguales oportunidades a los servicios de salud y educación, solo entonces se podrá hablar de equidad. El aumento de las ganancias de las empresas sin el acompañamiento de mejores salarios, solo nos traerá mayor injusticia social con sus respectivas consecuencias.

Recordemos que entre menos pobreza, habrá más seguridad, menos enfermedad, más educación, por lo tanto, más progreso y mejor calidad de vida para todos. Es claro que no todos seremos ricos, pero las necesidades básicas de los menos favorecidos deben ser cubiertas con dignidad, incluyendo el esparcimiento, elemento imprescindible para eso que denominamos calidad de vida.

En la conmemoración de los 20 años de la lucha civilista, debemos reflexionar sobre todo esto; los nuevos líderes gremiales, políticos y de las organizaciones de la sociedad civil deben liderar esta nueva cruzada, para fortalecer la democracia, rectificar los entuertos del sistema de justicia y así poder reforzar nuestras libertades, antes que los falsos demócratas que, aprovechando las virtudes que nos da la democracia, quieren imponer sistemas "democráticos dictatoriales".

Los riesgos y sacrificios que en menor o mayor grado cada uno de los panameños aportamos por alcanzar la democracia, no podemos echarlos por la borda. A quienes hemos elegido en las urnas, luego de la caída del régimen militar, no han gobernado como todos esperábamos, y hoy el sistema democrático del país está en peligro.

El autor es odontólogo



 
 
 
 
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