| PREVENCIÓN ANTE TODO.
La salud de la mujer
Emma Mendoza A.
La salud de la mujer, y de la población en general, es un derecho consagrado en múltiples legislaciones nacionales e internacionales. Para propiciar la misma se requieren acciones preventivas que obtienen su mejor resultado cuando se incorporan al proceso educativo formal e informal a través del cual somos socializados y entrenados los seres humanos, desde el inicio de nuestras vidas. Pues no se trata de tener derechos, sino de ser conscientes de tenerlos, admitirlos, apreciarlos y defenderlos. De lo contrario "el derecho" se convierte en letra muerta.
En consecuencia, las mujeres, más de la mitad de la población, responsables de su salud y la de su familia, requerimos que se nos haga efectivo el artículo 12 de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, que a la letra dice: "Se adoptarán las medidas necesarias para eliminar la discriminación contra la mujer en la esfera de la atención médica, a fin de asegurar en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, el acceso a los servicios de atención médica, inclusive los relacionados con la planificación de la familia".
En virtud de lo anterior resulta interesante que se emprenda una política tendiente a brindar asistencia gratuita a las mujeres embarazadas en todos los centros y hospitales del país, siempre que esto vaya acompañado de las medidas educativas pertinentes, antes, durante y después del parto; que se cuente con los recursos y las infraestructuras necesarias, a nivel de todo el país, a fin de no crear falsas expectativas o resultados frustrantes.
"La mujer contará con servicios apropiados en relación con el embarazo, el parto y el puerperio (periodo posterior al parto) proporcionando servicios gratuitos cuando fuere necesario", reza el artículo de la convención antes citada; he allí una de las teclas importante en la dotación de servicios. "Proporcionando servicio gratuitos cuando fuere necesario". Y es que la medida de gratuidad a TODAS las mujeres embarazadas por parte del Estado, no la consideramos acertada, habida cuenta de las características socioeconómicas que caracterizan a nuestro país.
Ahora bien, aunque se tratara de un país próspero y desarrollado; la medida no resultaría equitativa, pues le otorga la prestación gratuita a TODAS LAS MUJERES, sin diferenciar condiciones. La que puede pagar, que pague, según su capacidad. Lo contrario es crear un sistema paternalista que mucho daño hace a los pueblos.
A nuestro parecer, el Estado no tiene los recursos para proporcionar este servicio sin descuidar otros que está obligado a brindar, ¿o acaso también va a extender la atención gratuita a toda la población infanto-juvenil?... ¿Y la tercera edad? Mucho del costo de esta población se le recarga al Seguro Social, cuya situación sigue siendo crítica.
Concebir la salud femenina de manera integral implica su concepción, crecimiento, etapa productiva, reproductiva, vejez, etc. Por ello, cuando se planifican programas para las mujeres, se planifican conjuntamente con ellas y atendiendo sus necesidades.
Importa que las soluciones partan de abajo hacia arriba, resultado de consultas a grupos estratificados y representativos, que impliquen un aporte tanto material como intelectual. A la inversa: de arriba hacia abajo, las soluciones pudieran entenderse como impuestas, con el riesgo de no obtener el éxito y la acogida proyectada.
La autora es docente universitaria
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