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Reportaje especial
Panamá, martes 29 de mayo de 2007
 

EL MALCONTENTO.

La oportunidad de los ciegos

856469Paco Gómez Nadal

Nuestros políticos criollos tienen un grave problema de discapacidad. Una ceguera contumaz no les permite ver más allá de sus gafas oscuras o de su Toyota Prado. Interpretan el universo con un diccionario de tres palabras y una brújula sin norte, aunque ellos saben si van por buen camino en función de los ceros de su cuenta de ahorros y de los galones de baba de su coro de aduladores.

Si levantaran la vista, si pensaran en los ceros de la pobreza o en el interés común, estarían en fila pidiendo participar y hacer realidad la llamada Concertación Nacional para el Desarrollo.

Es cierto, la cosa empezó mal. Abrumado por la caída casi centesimal en las encuestas sobre el referendo de ampliación del Canal -los asesores, a punta de sondeos, provocan pánico en estos políticos necesitados de ego más que de oxígeno-, el presidente de la "Res-pública" -o la vaca a ordeñar por muchos- convocó el diálogo que había negado días antes.

Con ese antecedente, casi nadie creía en un proceso de diálogo para construir el enésimo plan de desarrollo nacional y repartir el pastel del Canal. Bueno, Naciones Unidas sí y algunos miembros de la llamada sociedad civil, de los bienintencionados que saben que en la cocina de la ciudadanía se está cocinando algo importante para años venideros. Ambos tenían razón, el presidente y la contraparte.

Me explico. El presidente cauterizó de inicio cualquier posibilidad de éxito, mandando a funcionarios con pereza a las mesas de debate y con un lánguido compromiso. Para colmo, la ausente oposición, incapaz de dar la pelea en la Asamblea o en la opinión pública, decidió ponerse preciosista en la Concertación anunciando públicamente una especie de boicot en función de la siempre presente Sala V.

La contraparte, Naciones Unidas y sociedad civil, se tomaron en serio la cosa. Es cierto que con errores metodológicos y ciertos problemas de eleve cósmico, pero con visión y voluntad -espero que no voluntarismo-. Las mesas se convirtieron en un punto de encuentro, de trabajo y de ideas. En el interior fue aún más evidente. Ese interior, al que voy a denominar el exterior, sintió que se le daba importancia, que se le escuchaba. Habitualmente, los procesos de diálogo eran una conversación de ciegos de la capital con participación de algún señor feudal del exterior.

Hay resultados, quizá no tan valientes o rompedores como los que necesita el país, pero sí hay ya planes y estrategias para que la injusticia estructural del país se convierta en injusticia aislada. A casi nadie le ha importado. Los medios de comunicación se cansan en los procesos, porque viven de los sucesos. No han tenido ni la inteligencia ni la visión de ver en la Concertación uno de los sucesos más increíbles de Panamá: opuestos dialogando para construir un país. ¿Hay algo más espectacular y raro que eso en estos tiempos de hegemonías, simulaciones y uniformidades mediáticas? Y si los medios no prestan atención, la sociedad en general menos -rebaño manejado por pastores ciegos con grabadora-.

Hoy y mañana se celebra la segunda plenaria de la Concertación. Se trata, al fin, de un intento de pasar de la "Res-pública" a la República y alguien debería prestar atención. Las soluciones a nuestros problemas son fáciles y no tan costosas. El único cambio necesario es el de empezar a pensar en clave de políticas públicas y con la osadía de cambiar los modelos tradicionales.

Daré un ejemplo, para aquellos que suelen ver en El Malcontento queja sin sustento ni propuesta. La primera dama ha embaucado a decenas de empresas necesitadas de marketing social barato y las ha convencido de invertir en su proyecto para erradicar las escuelas rancho. Este proyecto, de buena voluntad sin duda, ha sido elaborado por burócratas de la capital desde sus oficinas con aire acondicionado y rancio. Como son incapaces de innovar o de buscar alternativas adecuadas a cada realidad, elaboraron un modelo de escuelita en bloque al módico costo de 60 y tantos mil dólares. Bloque que pelea con el clima de la mitad del país y costos innecesarios si se trabajara con las comunidades en autoconstrucción y se tuvieran modelos de bioarquitectura más saludables para los niños y para el medioambiente. Tampoco incluye el presupuesto la formación de maestros de las mismas comunidades, para evitar el ausentismo razonable de los enviados desde la Normal, ni la creación de cinturones de colaboración con las escuelitas.

Pero el proyecto cumple con su objetivo real: más fotos de inauguraciones para el suplemento de la Primera Dama, lavado de imagen barato para las empresas (si no que le pregunten a Panama Ports) y actos sociales donde se firman convenios en medio de la autocomplacencia y la hipocresía.

La ceguera, como decía, es un mal político en el que las empresas caen con más planificación estratégica que los padres de la patria. La buena noticia es que esta semana tienen la oportunidad de enmendar el asunto y de aprovechar los dos meses que quedan de proceso para convertirlo en una fiesta nacional del debate y del compromiso.

El autor es periodista



 
 
 
 
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