Los esfuerzos que se llevan a cabo por lograr acuerdos en el diálogo de concertación nacional, merecen más atención de parte de quienes tienen el privilegio de tomar las decisiones que enrumbarán los destinos del país en los próximos años. Pero el desinterés de ellos, precisamente, terminará por hacer inútiles los sacrificios que hacen los que, sin recibir nada a cambio, brindan un inapreciable caudal de energía e ideas que suponen, en buena parte, dar un salto cualitativo en nuestra forma de vida.
Desperdiciar este empeño constituiría un error estratégico y político imperdonable. Para nuestra desdicha, la concertación nacional tiene un mañana incierto, salvo que nosotros, como sociedad, mostremos el interés que muchos políticos se han rehusado a ofrecer. Vivir a expensas de las decisiones que tomen nuestros políticos es simplemente apostar a la suerte del perdedor.
La sociedad organizada debe hacer suyos los proyectos y metas que se tracen y luego exigir –con la fuerza que da el voto– su fiel cumplimiento. Lo demás –lo que los políticos propongan– será promesas electorales absolutamente prescindibles. |