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Los mil días de Martín Torrijos
‘Efecto teflón’ traspasa fronteras y llega al Palacio de las Garzas
La popularidad de Torrijos sigue ilesa. Seis de cada 10 panameños opina que su gestión es buena o excelente
El mandatario carece de un alto perfil mediático, pero mantiene el contacto directo con los electores.
| LA PRENSA/Jihan Rodríguez |
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| ESTRATEGIA. Sus opositores critican al mandatario por crear comisiones para enfrentar crisis, como las del transporte y salud. 856295 |
Vianey Milagros Castrellón
vcastrellon@prensa.com
Al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, se lo achacaron por primera vez, y su homólogo panameño, Martín Torrijos, bien podría apropiarse del término. Se trata del "efecto teflón", en el cual, la popularidad de un mandatario sale ilesa de cualquier escándalo. Las crisis se les resbalan, cual aceite en una sartén de teflón.
En el país vecino, los analistas todavía están tratando de explicar cómo Uribe ha logrado, en los cinco años que tiene en el poder, mantener sus altos números, a pesar de los reveses políticos. Ni los escándalos paramilitares han logrado mermar su popularidad, que ha llegado a sobrepasar el 70%.
Torrijos, que empezó su luna de miel en septiembre de 2004 con un índice de gestión de 79.6%, tuvo sus momentos más agrios en el gobierno durante la aprobación de la fallida primera reforma a la seguridad social, en junio de 2005, cuando solo alcanzó el 24.2% de aceptación a su administración. El propulsor de la Patria Nueva logró recuperarse, para jactarse ahora de que seis de cada 10 panameños opinan que está haciendo una buena o excelente gestión.
En el caso de Uribe, algunos estudiosos le han achacado su éxito al buen uso de los medios de comunicación, el contacto directo con sus electores y su capacidad de desviar la atención pública a hechos menos relevantes, que lo salvan de críticas en la opinión pública.
En el caso de Torrijos, hay que descartar su potencial mediático. El Presidente es de los que se sienten incómodos ante las cámaras de televisión y le disgustan las preguntas inquisidoras de los periodistas. La propia primera dama, Vivian Fernández, ha reconocido que ha fallado en darle al jefe de Estado el alto perfil mediático que, en cambio, a ella le sobra.
En lo que sí ha triunfado el Presidente es en mantener el contacto cara a cara con sus compatriotas, como si estuviera aún en campaña. En su agenda semanal siempre hay giras al interior, como parte del Programa de Desarrollo Comunitario o de la Red de Oportunidades.
Es fuera de la capital –dando discursos a los indígenas de Cémaco, en la Comarca Ngöbe Buglé, o a los moradores de Chiguirí Arriba, en Coclé– donde el Presidente parece haber hallado su nicho político.
Y cuando hay que hacer control de daños por alguna información incómoda, como la reciente compra de tierras de su tío en Punta Chame, el Presidente centraliza sus explicaciones en medios de comunicación elegidos, lo que le permite manejar el ambiente que lo cuestiona.
Otra táctica presidencial en tiempos de crisis es la creación de comisiones. Así lo hizo cuando, por la muerte de 101 panameños envenenados con dietilene glycol, se exigía transformaciones en el régimen de Salud o cuando el bus 8B-06 se incendió y hubo 18 personas calcinadas, que se exigía reformas al actual sistema de transporte. Hasta ahora, las comisiones no han dado resultados. Pero los encuestados no parecen darle importancia, pues la popularidad del mandatario se mantiene ilesa.
(Vea Los mil días de Martín Torrijos: Las dos caras de la política exterior)
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