| LOS DESASTRES AMBIENTALES.
Responsabilidad compartida
Ricardo Brown Salazar
Desde hace tiempo científicos y ambientalistas venimos advirtiendo de la importancia de diferentes temas ambientales, tratando de crear conciencia para que cada uno de los que habitamos este pedacito de planeta, al que llamamos Panamá, coopere mediante el ahorro de energía, cuidando y plantando árboles, exigiendo y comprando productos ambientalmente amigables, que los ganaderos y agricultores dejen de deforestar (según ellos dejando el terreno "limpiecito"); que el Estado cree leyes para que se otorguen incentivos y exoneración de impuestos para la importación de vehículos y tecnologías que usen energías alternativas, establezca efectivos programas de recolección y reciclaje de basura, promueva la conservación de los bosques y la fauna, que establezca estrictas normas para que los buses, camiones y todos los vehículos limiten sus emisiones de gases, que progresivamente se vayan cerrando las plantas termoeléctricas y no se construyan plantas generadoras que utilicen carbón, que más energía sea producida de fuentes renovables, y además no nos cansamos de repetir cosas tan elementales, como que cada uno de nosotros no tire basura a la calle, sin mencionar la importancia de la separación de desechos en casa para facilitar el reciclaje.
Sin embargo, la tragedia de la Nueve de Enero es un ejemplo en pequeña escala de una "crónica de una muerte anunciada", pues ya en numerosas ocasiones diferentes instituciones de gobierno habían advertido del peligro de utilizar las quebradas y alcantarillas como basureros y el riesgo de vivir en zonas inundables; al igual que Anam, ambientalistas, además de las clases de ciencias que se reciben desde la escuela primaria y el sentido común más elemental, que nos dicen que no contaminemos los ríos y cuidemos el ambiente.
Es inconcebible que a estas alturas todavía la ignorancia voluntaria prevalezca sobre el sentido común; y es voluntaria porque es falso que estas personas no saben que tirando basura en las quebradas están contaminando el ambiente en perjuicio de todos. Se trata de una acción realizada bajo total conocimiento del daño infligido, lo que demuestra por parte de quienes la hacen su mediocre actitud de "juega vivo" y poco importa.
El colmo de la desidia y la pereza individual quedó demostrado con la jornada de trabajo denominada "El Tour de la lluvia", en donde instituciones de gobierno y voluntarios se dedicaron a la limpieza del área inundada con una lamentable falta de apoyo de los propios residentes del lugar, de acuerdo con los medios de comunicación.
Enhorabuena por los estudiantes de escuelas y voluntarios que han estado ayudando en las jornadas de limpieza, sin embargo, es verdaderamente vergonzoso que tengan que ser personas que no son del área afectada las que dediquen su tiempo a ayudar, porque la vagancia de algunos de los vecinos prevalece, asomándose desde sus casas solo para decir que ellos no ayudan por que no son los que tiran la basura y que son los que ensucian los que deben de limpiar el barrio, demostrando con esta actitud su galopante ignorancia.
Muy preocupado he quedado de este experimento en pequeña escala de colaboración en comunidad ante un desastre común, cuando catástrofes a mucha mayor escala se pronostican para los próximos años, producto del cambio climático.
Los últimos informes presentados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático reconocen la responsabilidad humana en la desestabilización del clima, resultando en aumentos en el nivel del mar e incrementos en la frecuencia y fuerza de los huracanes, sequías e inundaciones, siendo el huracán Katrina un claro ejemplo de nuestra imposibilidad de afrontar eficientemente situaciones de emergencia extrema.
Según el Centro Nacional de Huracanes en Miami, ningún huracán había sido detectado en el Atlántico Sur desde que los satélites comenzaron a rastrear tormentas en la década de 1960, sin embargo, en marzo de 2004 se reportó el primer huracán frente a las costas de Brasil, que, según diversas fuentes, causó dos muertos, 35 heridos, 40 mil casas dañadas y mil 500 destruidas, y azotando 40 ciudades brasileñas con vientos de hasta 120 kilómetros por hora, produjo daños por más de 350 millones de dólares.
¿Podremos en los próximos años continuar viviendo con la seguridad que en Panamá no pasa nada y que nunca nos afectarán los huracanes? ¿Están usted y sus vecinos preparados para afrontar en conjunto una catástrofe climática a gran escala?
El autor es especialista en manejo forestal y conservación de la biodiversidad.
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