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Reportaje especial
Panamá, lunes 28 de mayo de 2007
 

DESCONTROL Y ANARQUÍA.

Como hijos sin madre

Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

La expresión "No hay madre para esos hijos" se usa cuando los hijos andan por su cuenta, sin sujeción alguna; cuando perdida la autoridad porque mamá "guindó los guantes", reina el descontrol y la anarquía y cada hijo hace lo que le viene en gana. Un país es semejante a un hogar; debería tener padres (los gobernantes) que no suelten el timón de la autoridad para que los ciudadanos no quedemos "al garete", como "hijos sin madre". Y creo que así andamos en el Panamá de mis amores.

Intento autoconvencerme de que las cosas no andan tan mal como parecen. Que los pestilentes asuntos que se destapan no son verdad; que son invenciones nacidas de la mala sangre de alguien, inquinas personales o rivalidades políticas. A ratos creo que estoy dormida, aunque veo el sol brillando o a la gente caminando rumbo al trabajo; tal vez porque es fuerte mi deseo de creer que al despertar habrá desaparecido lo que parece una pesadilla. ¡Qué ilusa! Todo es absolutamente real, verdades tangibles que no encuentran una cueva donde escabullirse a nuestros ojos porque son demasiados obvias la incompetencia, el dejar hacer, la impunidad. Los políticos en el poder y en la oposición, ambos, dedican sus energías a afincarse en el poder, o a recuperarlo, y no por buenas razones. Los señores de la empresa privada, en contubernio con las autoridades nos sangran el bolsillo sin empacho y al igual que los políticos, nos mandan relamidos discursos de honestidad y ética que olvidan a la hora de hacer negocios. "Salvo excepciones", como el título de un magnífico cuento del insigne Mario Benedetti, sobre los que se creen las excepciones.

¿Dónde está la génesis del caos y el desorden que estamos viviendo? De la ausencia de autoridad. Que se gana, se trabaja, que no cae del cielo. Nos hemos convertido en un país casi anárquico, donde los buenos ciudadanos se hallan impotentes ante la ley del más fuerte, fuertes en dinero, influencias, poder, fuerza bruta. El negocio de tierras del tío del presidente, Rodolfo Charro Espino destapó una olla de grillos en la que salió a flote que muchos se han servido de una ley creada para favorecer a los desfavorecidos no para especuladores en tierras; transacciones turbias que se hacen con el consentimiento de funcionarios pusilánimes, obsequiosos (y obsequiados), miedosos de ejercer su autoridad; que no se atreven a decir no, aun sabiendo que la operación es chueca. ¿En qué quedaron las tierras del Parque Omar, indebidamente apropiadas por algunos vecinos del parque? Desde octubre se ordenó al poderoso Jean Figali detener los trabajos en relleno en Amador y desafiando la orden, los continuó. Suntracs, grupo obrero que "se pasea" en la autoridad ajena, porque tiene problemas con el empleador, tiene la osadía de sitiar a los residentes de una barriada, restringiéndoles el acceso a sus casas. La Corte Suprema de Justicia falló en contra del alza de tarifas en el transporte del interior; el director del Tránsito… pasmado; y los transportistas amenazan e incurren en desacato porque hace ya muchos años andan por la libre, el más vívido ejemplo de burla a las autoridades. Que alguien me explique cómo los importadores se "saltan a la torera" las leyes sanitarias que impedirían la entrada de productos dañinos, vencidos o con etiquetas en idiomas desconocidos por los consumidores. Vivir en las vecindades de Calle Uruguay es una pesadilla; las noches son de escándalos, tranques, riñas, y borrachos; allí quedan muestras de necesidades fisiológicas y sexuales satisfechas; y la estación de policía, a un par de cuadras, no le hace ni fu ni fa ni los dueños, ni a los clientes de estos negocios. Y los tranques, ¡santo cielo! Por una cancha de básquet, el largo de las faldas de las estudiantes, la falta de agua o medicinas, por el nombre de la escuela, porque me da la gana. En el último incendio en Curundú, ante los ojos de policías, bomberos y funcionarios, los delincuentes, cual pirañas humanas, saquearon lo que encontraban a su paso sin mostrar temor alguno ante las "autoridades".

¿Por qué Panamá fue recientemente calificado como el país más inseguro de Centroamérica a pesar de contar con más policías por habitantes. Simple. Los maleantes saben que la policía, la PTJ y el Poder Judicial están picados por la corrupción; y de poco servirá equiparlos mejor si antes no los depuran y recuperan el respeto perdido. Porque saben que el "aprieta tuercas" está guardado y nadie se atreve a usarlo. Porque la autoridad está en estado catatónico. Y así andamos, "como hijos sin madre", "sueltos de madrina", "cometas reventadas".

La economía panameña goza de magnífica salud, dicen los expertos. ¡Enhorabuena! Estaríamos mucho mejor si los gobernantes se ocuparan de ejercer su autoridad para deshacerse de los ineptos, los corruptos, los camajanes, los pusilánimes. Y es patético que se escuden en "No me corresponde hacerlo; le toca al Poder Judicial"; "Eso es función de Anam, no de la AMP". "No puedo hacer nada, es asunto del Legislativo". Puro pasarse la pelota para no tener que ejercer la autoridad. Y así vamos, rumbo al despeñadero social aunque los bancos estén taqueados con dólares. Dijo alguien que "Cuando los que mandan pierden la autoridad, los que obedecen pierden el respeto".

La autora es comunicadora social



 
 
 
 
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