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Reportaje especial
Panamá, lunes 28 de mayo de 2007
 

NO HAY PERDÓN.

La locura amorosa

Juan B. Gómez

Las debilidades humanas se pagan caras, al menos esto parece ocurrir en los países más democráticos y organizados del mundo. Lo que en otros países -anárquicos o dictatoriales- no tiene importancia alguna, en Estados Unidos, por ejemplo, produce verdaderas catástrofes políticas. Lo digo por lo que acaba de ocurrir en el país mencionado, donde han obligado a renunciar al presidente del Banco Mundial, porque había obtenido para su novia un contrato muy ventajoso dentro de la institución que dirigía. El señor Paul Wolfowitts tuvo esa debilidad. Y el presidente Bush, que trató de ayudarlo, expresó que Wolfowitts había "perdido la batalla".

Sí, en Estados Unidos ocurren cosas como esas y peores. Todos recuerdan que al presidente Clinton lo tuvieron bailando en la cuerda floja, porque cometió el pecado de tener relaciones sexuales con una becaria de la Casa Blanca: y esa efímera aventura casi le cuesta el cargo.

Y a un aspirante a la presidencia, también estadounidense, le frustraron su candidatura porque apareció con una amiga sentada en sus piernas mientras paseaba en un yate.

Y ya casi no recuerdan que en Inglaterra, al poderoso ministro de la Corona, John Profumo, lo acabaron políticamente, y lo obligaron a renunciar, cuando estuvo mezclado en una relación clandestina con una mujer, que también llevaba relaciones íntimas con un agregado de la embajada de Rusia, cuando entre los dos países existía una guerra fría.

Y qué me dicen del derrumbe del gran estadista canadiense, Henry Trudeau, cuando a su mujer, Margareth, le dio por los escándalos alcohólicos, y borracha la sacaban de los bares, amén de la relaciones que tenía con sus amantes (entre ellos, un negro que la embarazó).

Sí, estas locuras amorosas no se perdonan en los países más democráticos y organizados, ¿pero en los otros...? Ustedes saben la respuesta...

El autor es periodista



 
 
 
 
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