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Reportaje especial
Panamá, viernes 25 de mayo de 2007
 

EMPEZANDO POR CASA.

Reforzar la buena gobernabilidad

Pamela Cox

La crisis de credibilidad que aún sacude las estructuras del Banco Mundial no es solamente el resultado del cambio de liderazgo en ciernes tras la anunciada salida de su presidente. En realidad, dicha crisis, tal como lo ha indicado la junta de directores de la institución, es el resultado de estructuras de gobernabilidad que deben ser revisadas y que a juicio de muchos no responden a la realidad política del siglo XXI.

El Banco Mundial no escapó al proceso de globalización –que a todos afecta– y que como bien sabemos abre oportunidades, pero también cuestiona a aquellas estructuras que eligen el inmovilismo.

Salir de esta crisis con una respuesta burocrática sería pretender que nada ha pasado. No podemos dejar de ser objetivos y no ser críticos con nuestra institución, ni ignorar a quienes nos cuestionan: el Banco promueve el diálogo y para ello hay que escuchar. Tenemos que ver hacia el futuro, dar el primer paso después de la tormenta, y en este proceso debemos asegurarnos que las decisiones se toman basadas en consultas significativas y con una amplia legitimidad. De igual forma, debemos contar con sistemas de rendición de cuentas no solo efectivos, sino que signifiquen un ejemplo a imitar.

No alcanza el tener una misión noble de combatir la pobreza, si ello no se acompaña de los medios idóneos y los mecanismos adecuados a la época. El diseño de gobierno de la institución aún –en buena parte– está basado en las realidades de tiempos pasados que respondían a una situación histórica completamente diferente a la actual. Este hecho generó limitaciones inherentes que impiden un posicionamiento óptimo de cara a los objetivos que la institución se propone.

También es cierto que el Banco se ha modernizado en muchos aspectos. Está más cerca de sus países socios, a quienes consulta y con quienes dialoga cuando diseña su estrategia, es menos burocrático que en el pasado, basa su acción en resultados –solo como ejemplo, desde la década de 1990, el Banco ha apoyado en América Latina diversos programas de transferencia de efectivo cuyo impacto en la reducción de la pobreza está documentado–, y contribuye a crear soluciones innovadoras a problemas de interés global, desde el cambio climático, hasta el combate al HIV-sida.

El fortalecimiento institucional, la buena gobernabilidad y las prácticas anticorrupción seguirán siendo una prioridad del Banco Mundial. Justo la crisis interna por la que acabamos de pasar es muestra irrefutable de que la institución quiere transparencia y rendición de cuentas en casa. Desde hace una década estos temas son centrales en la agenda de diálogo con nuestros socios en la región, por propia iniciativa de los países que buscan la consolidación y el funcionamiento eficiente del sistema democrático.

Conscientes de que las decisiones sin consulta previa y que las acciones sin la necesaria legitimidad están –en el mediano y largo plazo– condenadas al fracaso, pusimos esta agenda al debate con la participación de actores diversos del mundo gubernamental y no gubernamental, quienes reafirmaron la centralidad de esta temática como un eje de la estrategia regional de desarrollo el mediano y largo plazo.

Las instituciones de desarrollo del siglo XXI para desempeñarse a su mejor nivel, deben responder a las demandas de sus socios, deben estar focalizadas en los temas que son la preocupación de la ciudadanía, deben ser técnicamente sólidas, trabajar con múltiples aliados y ser ágiles en la ejecución de sus mandatos. Hacia ahí vamos. Para ello trabajaremos aún más de cerca con gobiernos, sociedad civil y con todos los posibles socios interesados en el desarrollo.

No alcanza con mirar la paja en el ojo ajeno. Es cierto, la buena gobernabilidad comienza en casa y por ello es necesario ponerla en orden.

Sabemos con certeza cuál es el camino que debemos seguir: tenemos la determinación y la voluntad de recuperar la confianza de todos nuestros socios y contrapartes, no solo con palabras, sino con hechos. Quienes estamos realmente comprometidos con los objetivos de esta organización, nos encargaremos que el Banco Mundial emerja de esta crisis como una institución mucho más fuerte, más efectiva, de tal forma que los países de la región puedan contar plenamente con nuestro apoyo en sus esfuerzos para reducir la pobreza y la desigualdad, y asegurar una mejor calidad de vida para todos.

Hoy, justo cuando estamos bajo el reflector y el escrutinio internacional, estamos más que convencidos de que es el tiempo correcto para adoptar un nuevo enfoque sobre cómo contribuir a generar políticas públicas que incluyan a todas los actores que tienen un papel para desempeñar en las estrategias de desarrollo: a gobiernos, a la sociedad civil, al sector privado, a legisladores, a los socios de la comunidad internacional enfocada en el desarrollo.

La autora es vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe



 
 
 
 
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