| RESPUESTA.
Periodismo fosilizado
David Méndez Dutary
Hay metidas de pata periodísticas que no se pueden pasar por alto. A continuación respondo a una de ellas publicada en La Prensa el 22 de mayo. Su autora, una periodista que pretende conocer más de evolución y de creación que los que se atreven a disertar en foros internacionales, defendiendo ambas teorías, o de crear museos que defiendan la creación como una alternativa, pues la evolución no ha llenado las expectativas de algunos. Su risa burlona dibujada en su artículo, quedaría como una mueca, si se tomara el tiempo de leer un poco más sobre el tema, o por lo menos dedicarle unos minutos a lasSagradas Escrituras.
Seguramente no se ha tomado el tiempo para leer los dos tomos de Charles Darwin, El Origen de las Especies. Tampoco sabe, que cuando se publicó su libro, sus principales opositores eran los propios paleontólogos que sacaron a la luz el registro fósil. El registro fósil contradice la teoría evolutiva iniciada por Darwin, lo dicen los propios evolucionistas. La Biblia, señora periodista, sí habla de estos gigantescos saurios que poblaron nuestro planeta y que misteriosamente desaparecieron. En el libro de Génesis, capítulo 1, versículo 21, se les llama grandes monstruos marinos, en otro capítulo se les llama grandes bestias. Considero que hay que tener más imaginación y fe para creer que los dinosaurios desaparecieron al chocar un gran meteorito en nuestro planeta, que pensar que se ahogaron en el diluvio universal.
Usted debe saber que hay evidencia de que ambas cosas ocurrieron. También debemos recordar que muchos de los hallazgos de fragmentos de primates encontrados por algunos evolucionistas, posteriormente se convirtieron en grandes fraudes, por lo que aún no se han identificado todos los pasos que debieron registrarse, en el supuesto proceso evolutivo del hombre y muchos hallazgos donde la evolución se apoya son cuestionables.
Ciencia y fe no se contraponen. Así como pudo preguntarle a Michael Novacek su opinión sobre el Museo de la Creación (que es como pedirle a un ratón su opinión sobre el veneno antirratas), pudo con un poco más de entusiasmo periodístico, preguntarle sobre el tema a Francis Collins, científico cristiano y creacionista, además de administrador de miles de millones de dólares para el proyecto del Genoma Humano. El doctor Collins no trabaja con figuritas digitalizadas que son la envidia de Disney, es responsable de uno de los mayores proyectos de ciencia de todos los tiempos. Periodismo es investigar, estudiar y luego comunicar con imparcialidad y decencia.
Impresiona la imparcialidad de nuestra articulista. Pero más me impresiona su gran fe, pues está tan segura que solo los roedores se salvaron de la gran hecatombe que dio fin a los grandes saurios, que se preocupa por lo que pensarán los niños y jóvenes que pasarán por el controversial museo. ¿No sera bueno tener la oportunidad de conocer lo que más de la mitad de la población mundial cree? Es que en esto no hay libertad de escoger. Creo que en una de estas noches yo también vi en la tele los dibujitos en el programa de Discovery donde aprendió lo de los ratoncitos, no en un museo. La televisión no es una buena maestra; como periodista yo estaría atacándola por la cantidad de basura a la que nos exponen, no a un museo que enseña una teoría que más de la mitad de la población mundial cree.
En cuanto a que el cuestionado museo reafirma la concepción antropocentrista, nada más alejado de la verdad. El museo coloca a Dios como el centro de la vida del hombre y la Biblia como la verdad infalible de Dios. El hombre como máxima creación, hecho a imagen y semejanza. Los animales a su servicio y protección. En lo que sí estamos de acuerdo es que todo ser viviente forma parte de un complejo sistema donde se depende el uno del otro. Eso es un diseño inteligente, creado por una mente brillante, y no al azar. Sin embargo, debo aceptar que la Biblia no es un libro de ciencia, es un libro de trasfondo espiritual donde se relata la creación, pero con el principal objetivo de narrar la salvación del hombre en la figura de Jesús. Tampoco es un libro de historia, pero hasta la fecha ningún descubrimiento arqueológico ha contradicho alguna referencia bíblica. (Nelson Glueck. Arqueólogo judío).
Si usted tiene la suerte alguna vez de que alguien le regale una Biblia, léala, ¿cómo va usted a creerle más a un pedazo de hueso de oviraptor enterrado en su jardín, que a un libro maravilloso que es el mayor bestseller de todos los tiempos?
El autor es pediatra neonatólogo
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