El Ministerio Público tiene una clara y definida labor: perseguir la delincuencia. Para hacerlo, la titular de esta institución hizo, al principio de su gestión, lo que puede definirse como una purga que significó la salida de varios fiscales. El segundo paso fue concentrase en tratar de cumplir su trabajo, para lo cual –también hay que decirlo– depende de otras instancias: las judiciales.
En otras palabras, es una labor que compete a ambas. Entonces, ¿de dónde proviene la percepción de que la justicia en Panamá es una utopía? En ello no hay sorpresas: los fallos de la Corte Suprema han sido duramente cuestionados, pues de ellos no ha emanado justicia, sino todo lo contrario; hay una sensación de impunidad, en especial en los casos de los delitos de "cuello blanco".
Las críticas que hace Transparencia Internacional al sistema judicial panameño apuntan precisamente hacia esas deficiencias. Pero nuestros funcionarios le dan la espalda a esas críticas. Parecen haber desarrollado la primera vacuna contra la vergüenza. |