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Reportaje especial
Panamá, jueves 24 de mayo de 2007
 

TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO.

Curundú, pobreza y delincuencia

Rafael Montes Gómez

Curundú es un asentamiento humano situado en la propia ciudad de Panamá, en una arteria tan transitada como la avenida Frangipani, por eso la pobreza y descomposición social de este barrio es emblemática; se hace palpable el dolor humano cuando a escasos cinco meses de lo que va del año, los curundueños han sufrido dos terribles incendios. Llama la atención las escenas en donde algunos "juega vivos" se apropian de los cables eléctricos en medio de los escombros todavía humeantes, mientras los directamente afectados tratan de recuperar algo de sus pertenencias. ¡Qué bajeza! He observado allí a niños de corta edad con pistolitas de juguete, pero pronunciando palabras de grueso calibre que a cualquier adulto nos haría sonrojar, más adelante usarán armas reales, también de grueso calibre.

Me consta que el Gobierno ha tratado en el tema social de la vivienda de dar pronta respuesta, a través de la ministra encargada del ramo, incluso hace poco se tramitó soluciones de viviendas para ese sector específico que sufrió la tragedia, orden de proceder que sobrepasa los 550 mil dólares. También estamos conscientes de que una vivienda digna y bonita no va a cambiar el estilo de vida de los curundueños, pues tardará poco tiempo para que se deterioren también estas estructuras de cemento, en este lugar de Dios rodeado de heces fecales y un ambiente de plena delincuencia. La razón es sencilla: no se le puede pedir al Estado solucionar una pobreza de actitudes, una pobreza espiritual, una pobreza mental; ese es un problema muy adentro de las mismas personas que lo sufren, lo que me lleva a concluir que un Estado paternalista lo que hace es más bien reforzar todo aquello.

Hace poco participé en un extraordinario retiro espiritual, rodeado de la naturaleza en Cerro Azul, tiempo propicio para echar una mirada dentro de nosotros mismos. La conclusión del evento se refería a aquel viejo tema que si el entorno o las circunstancias hacen a la persona proclive a hacer lo malo. El ejemplo bíblico clásico nos muestra a un joven llamado José, que dados todos los problemas que le rodearon, desde haber crecido en un hogar tan disfuncional hasta ser vendido como esclavo, según las ciencias de la conducta, debió ser un delincuente, un piedrero o cualquier otro tipo de malviviente. Muy por el contrario, la historia nos refiere que José siempre fue una persona decente y tendiente a hacer lo bueno, tanto que llegó a ser gobernador del vasto imperio egipcio en el periodo de los hicsos.

Creo que no hay discusión sobre si el entorno o las circunstancias tienen el poder de moldear a la persona que seremos en el futuro, pero no necesariamente tiene que ser hacia lo malo o que nos influencie en todo lo que es negativo. De lo que se trata es con la ayuda de Dios, de encontrar esos eslabones de pobreza y proclividad al mal y romper con esa cadena que nos ata. De esa forma tú puedes hacer la diferencia.

Estoy seguro que el doctor Adán Ríos, eminente y laureado panameño, nacido y crecido en otro barrio marginal como lo es El Chorrillo, los encontró y decidió encausar su vida en la lucha contra el sida, para beneficiar a millones en todo el mundo. También, estoy seguro que la licenciada Jacinta Baloy, abogada panameña y actualmente estudiando un MBA, quien creció en Curundú, encontró los eslabones, cuando un buen día decidió salir de allí y superarse. Sacar a toda su familia de allí no ha sido tarea fácil, dos de sus hermanos ya han muerto de una manera trágica, producto de la delincuencia; poco a poco, con la ayuda de Dios ha logrado instalar a su familia en otro lugar distinto.

¡Fue suerte! dirán algunos, pero la suerte no existe, la suerte y el futuro te lo creas tú mismo en el presente. Tú decides, solo tú decides qué quieres ser y qué quieres hacer. Creo que la clave de estos dos ejemplos está en: a) Decidir tu proyecto de vida b) Tener un ser interior espiritual sano c) Deseo de cambiar y ser diferente a todo el entorno. Sin estos tres elementos no importa dónde vivamos, así sea en Curundú o en Punta Chame, seremos proclives al mal, al "juego vivo", a ser delincuentes y medio. ¿Es fácil? No, es supremamente difícil dadas las circunstancias que te rodean, pero tienes que esforzarte y no mirar las circunstancias.

Está claro que ni riqueza, ni pobreza son sinónimos ni de delincuencia, ni de decencia, aunque las autoridades tienen que esforzarse por aplicar la ley penal, tanto al pobre que roba unos cuantos dólares, como al rico que roba millones; no hay discurso positivista que pueda arreglar semejante desagravio.

El problema está dentro de nosotros mismos, no en los demás. A cien años de historia y con tres milloncitos de habitantes, mucha agua ha corrido debajo del puente, todavía estamos a tiempo para que Panamá pueda ser económicamente la Finlandia de toda Latinoamérica. Hagámoslo con la ayuda de Dios, por heredar una mejor patria a nuestros hijos.

El autor es abogado



 
 
 
 
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