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redacción@prensa.com Adelis Ballester terminaba de desayunar en la fonda de la barraca El Triángulo, cuando vio que desde una de las esquina del inmueble salía humo. A su lado estaba su vecina Kerima Deane. Ambas fueron las primeras testigos visuales del incendio de ayer en Curundú. "Empezamos a gritar ...¡fuego!, ¡fuego!, y a avisarle a las personas que sus casas se estaban quemando", relataron. Ninguna de los dos vive en la barraca, pero son residentes del sector y ayer, a eso de las 7:00 de la mañana, llegaron a la fonda para comprar frituras. "A mí me gusta desayunar temprano y por eso estaba en la fonda, lo que me permitió socorrer a mis amigas", dijo Deane. "Mi primera reacción fue ayudar a unas amigas que viven en la barraca a sacar sus pertenencias y a sus hijos. Solo se pudo sacar a los niños porque la ropa, la cama y los artefactos de cocina se quemaron", añade Ballester. En la fonda –narran– también se encontraba un miembro de la Policía Nacional que nosotros apodamos El Chiricano, quien fue el que dio los primeros avisos a las autoridades. "Él empezó a radiar a la Policía, que fue la primera autoridad en llegar al lugar, y 35 minutos después de que comenzó el incendio, llegaron los bomberos", sostuvo. Al principio los bomberos tuvieron dificultad para controlar el incendio porque no había suficiente presión de agua, dijeron. ¡Fuego, Fuego! Leseyka Martínez fue de las damnificadas que escuchó el grito de fuego de Ballester y Deane. "Yo estaba dormida cuando escuché que alguien gritaba ‘¡fuego!’. En ese momento lo que se me vino a la mente fue agarrar a mi niño y salir corriendo". "Salvé a mi hijo, pero lo perdí todo", dijo. Las historias sobre la pérdida de los enseres se repetía en cada uno de los curundueños que en el momento del incendio se encontraba en el lugar o que desde su trabajo vio que ocurría la tragedia. Este es el caso de Osvaldo Ballester, que comenzaba su jornada laboral en el Ministerio de Obras Públicas (MOP), en Curundú, cuando el jefe de personal le preguntó si el humo que se veía desde la entidad era en el lugar donde vivía. "Yo me quedé mirando y sospeché que se trataba de un incendio en la barraca, y pedí permiso para ver si se trataba de mi casa", narró. "Cuando llegué al lugar todo era ceniza, solo quedé con la ropa que me puse para ir a trabajar", detalló Ballester, quien es oficinista en el MOP. Ayer los curundueños revivieron el pánico de un incendio que dejó cerca de 380 personas damnificadas. Las causas del incendio se desconocen aún, pero la hipótesis que se maneja es que se debió a un cortocircuito. LICITACIÓN El fuego volvió ayer a Curundú, ocho semanas después que el Ministerio de Vivienda (Mivi) licitara tres edificios, de dos plantas cada uno, y con capacidad para 96 cuartos, que sustituirían las barracas de madera que ayer se convirtieron en escombros. El proyecto habitacional, muy similar a los edificios Salomón, tiene un costo de 557 mil 535 dólares. La orden de proceder, según el Mivi, sería entregada a finales de este mes de mayo a la empresa Equipos y Mantenimiento Industrial. Pero los miembros de las 85 familias que vivían en las tres barracas de madera habían sido advertidos de que tenían que desalojar sus endebles casas y mudarse temporalmente a residencias de parientes, según dijeron autoridades del Mivi. Los pedidos, sin embargo, fueron desoídos por esas mismas personas que ayer reclamaban respuestas. La misma tragedia de hace dos meses en el sector S de Curundú se repitió ayer en El Triángulo, ubicado en el marginado corregimiento que pertenece al circuito electoral en el que se levanta el Palacio de las Garzas, sede de la oficina del Ejecutivo; de la Asamblea Nacional, de la Alcaldía y del Consejo Municipal. (Con información de José Arcia, Rafael Pérez G. y Rafael Luna Noguera). Pandillas siguen enfrentadas Ayer se cumplieron dos meses desde que pandilleros prendieron fuego al sector "S" de Curundú y ocasionaron la muerte de dos niños y la desaparición de una menor. Pese a los operativos de la Policía y a los programas para desactivar las bandas, la violencia permanece. En ello coinciden no solo los moradores, sino su representante, Senen Mosquera; el legislador suplente Gilberto Sucari, y hasta la Policía. Es tal la aprensión que, aunque las versiones sobre el incendio de ayer descartan "mano criminal", la gente sospecha. "Las balaceras y robos son a diario, pero lo peor es que la gente encubre a los maleantes", denunció una vecina. Según el legislador Sucari, en el sector donde ocurrió el incendio de ayer operan las pandillas Los Sagrados, Los Cris Cross y Los Niños del Banano. "Este fin de semana hubo tres heridos de bala", reconoció por su parte un policía, quien opinó que los operativos serán insuficientes mientras los vecinos no colaboren. Por su lado, el párroco de la zona, Aurelio Moreno, quien está incapacitado por 15 días tras sufrir un accidente, añadió que los problemas han disminuido "un poco" en Curundú, pero en la vecina San Miguel la detención de algunos pandilleros desató la violencia en los últimos días. Además en Panorama
• Curundú en llamas
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