| SOBRE LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA.
Un dinosaurio en mi jardín
Eva Aguilar
Hace unos días, me encontré con la noticia de la inauguración, el próximo 28 de mayo, del Museo de la Creación (Creation Museum) en Kentucky (EU), una iniciativa de la asociación Answers in Genesis, que niega la evolución biológica y promueve la filosofía creacionista. Las exhibiciones del museo han sido, por lo tanto, diseñadas siguiendo al pie de la letra la idea de que el hombre y todas las criaturas vivientes fueron creadas por Dios, tal y como lo cuenta la Biblia, a la que los creacionistas llaman "el libro de la historia del universo".
En la noticia, la periodista contaba -no sin cierto dejo de burlona perplejidad-, que los responsables del museo han colocado la figura de un dinosaurio al lado de una figura humana, en franca alusión a que en algún momento de los diez mil años que según los creacionistas tiene la Tierra, estas grandes criaturas convivieron con el ser humano.
Al imaginarme tan descabellada escena, no pude por menos que echarme a reír. Aunque la Biblia no hable de dinosaurios, la evidencia fósil es demasiado rica y ha sido demasiado promocionada como para que los creacionistas se atrevan a negar su existencia. Pero está claro que no saben dónde colocarla.
No encontré en la nota periodística una explicación para la extinción de estas enormes criaturas, pero si la cosa va de echarle imaginación al asunto, entonces debo pensar que como a Noé no le cabían en el arca, se ahogaron durante el diluvio universal.
Quise confirmar. Me fui a la página de internet del museo y allí me encontré, a modo de bienvenida, con un eslogan que ya no me hizo tanta gracia, sino que más bien me pareció aterrador: "Prepárate para creer"... y por ello me cobrarían 20 dólares. En el ciberespacio prometieron explicarme cómo la ciencia confirma lo que dice la Biblia, pero los enlaces no funcionan, así es que me quedé sin conocer lo que sin duda es un fantástica explicación.
Ocurrió, sin embargo, que a medida que asimilaba la escena de la niña con su mascota el dinosaurio, la sonrisa se me iba borrando de la cara. Niños y jóvenes pasarán por este lugar que se vende a sí mismo como un "centro educativo" y su explicación del mundo se verá distorsionada por una mezcla insensata de creencias religiosas y ciencia. ¿Quién le dirá a esos niños que lo más cerca que los humanos hemos estado jamás de un dinosaurio es a través de sus fósiles y gracias a sus descendientes, las aves? ¿Quién les contará que cuando los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años, los únicos mamíferos que habitaban la Tierra no eran seres humanos sino pequeños roedores que se salvaron de la catástrofe gracias a su capacidad para esconderse bajo tierra?
Estas preocupaciones rondaban por mi cabeza, cuando empecé a preguntarme cuál sería la opinión de Michael Novacek sobre el Museo de la Creación. Novacek no es solo uno de los paleontólogos más reconocidos hoy en día por su trabajo en la búsqueda y análisis de fósiles de dinosaurios, sino que además trabaja en un museo real: el Museo de Historia Natural de Nueva York.
A Novacek lo encontré, precisamente, en la presentación a la prensa de Dinosaurs Alive!, el nuevo documental para formato IMAX de esta institución neoyorquina. Novacek es de hecho uno de los protagonistas de la película, que combina imágenes del trabajo que los "caza dinosaurios" del museo han realizado en el desierto de Gobi (Mongolia) y en Nuevo México durante 17 años, con hermosas animaciones computarizadas de dinosaurios, que nada tienen que pedirle a Steven Spielberg.
No sabía qué esperar. Novacek podía darle importancia al asunto o decirme que el Museo de la Creación no merecía una opinión. Ocurrió lo primero. Los ojos del investigador se tornaron serios y detrás de su barba no apareció el menor rastro de una sonrisa.
"Creo que es muy desafortunado que lugares como ese [el Museo de la Creación] presenten interpretaciones religiosas y filosóficas como si fueran hechos científicos; la religión y la filosofía pueden llevar a la generación de ideas, pero la ciencia no funciona de esa manera; la ciencia trabaja con hechos comprobados por hechos. Por lo que querer hacer pasar un lugar como ese por un museo de ciencia es una forma de engañar al público", contestó Novacek.
Más que desafortunado, el Museo de la Creación y todo su contenido es peligroso: no solo desinforma sino que además reafirma la antigua concepción antropocentrista del universo, en parte culpable de la incapacidad que aún arrastra la raza humana de aceptar que el resto de las criaturas vivientes no están en la Tierra para servirle, sino que todos formamos parte de una compleja cadena de vida en la que dependemos de los demás.
Por eso, si alguna vez tengo la fortuna de encontrar un dinosaurio en mi jardín, ojalá sea el fósil de un gracioso oviraptor, que pueda seguir contándome la historia de esta Tierra vieja y llena de anécdotas a la que los humanos fuimos los últimos en llegar.
La autora es periodista
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