| FERIA DEL LIBRO.
Estuve en el paraíso
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
Comparto plenamente con el gran escritor y maestro Jorge Luis Borges su percepción manifiesta de que el Paraíso debía ser una especie de biblioteca inmensa de la cual uno podría deleitarse de la lectura eternamente; estoy seguro de ello y él allá debe estar maravillado, pude confirmarlo el domingo pasado cuando visité la Feria Internacional del Libro y experimenté esa sensación de manera absoluta.
Es apenas la IV versión, pero ya se deja ver que estamos ante pasos de animal gigante. Fue, definitivamente, un gran logro y una renovada experiencia, donde se dieron cita un buen número de casas editoriales y librerías, unas nuevas y otras conocidas, con una vasta diversidad de libros y temas, de escritores tanto extranjeros como nacionales. Hubo respuesta del público que es lo más importante, la presencia fue masiva y de alguna forma, es la manera más efectiva de mercadear la lectura que es compromiso y motor de la idea. Aunque las ferias de libros son citas de lectores, escritores, libreros, casas editoriales y de la industria gráfica, no cabe duda que es el reflejo cultural del país que la celebra.
La organización estuvo bastante aceptable, con pequeñas fallas que obedecen más a la falta de experiencia que a otras formalidades. Los talleres y exposiciones tuvieron buena acogida, algunos con pobre asistencia, me cuentan, pero igual de interesantes. Todo esto nos da la certidumbre de que la cita anual fue un sonoro éxito. Si bien el camino es largo y queda mucho por hacer, la Cámara Panameña del Libro, organizadores de la feria, se ha ganado el reconocimiento general.
Hay que destacar la presencia de novelistas y poetas panameños que engalanaron la fiesta con nuevas novelas como Mauro Zúñiga con su obra El Chacal del General; Maritza López-Lasso con el testimonio literario de Pasión y Fe; Rose Marie Tapia, con su novela ¡No hay Trato!, y el poeta Porfirio Salazar con su poemario Selva, entre otros autores nacionales de trayectoria conocida como Juan David Morgan, Arturo Ríos Torres y Justo Arroyo.
También tuvieron presencia las obras de escritores extranjeros como, Kundera, Brown, Eco, Antunes, Rushdie, Coelho y Pamuk; la literatura latinoamericana estuvo bien representada por Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, Porfirio Barba Jacob, José Eustacio Rivera y Rafael Pombo, de la más pura expresión de la literaria clásica, moderna y poética. La literatura esotérica, libros de autoayuda, de cocina, las obras didácticas y académicas para enseñanza elemental, intermedia, universitaria y profesional, no se quedaron por fuera tampoco.
Busqué sí afanosamente a Madame Bovary del inmortal Gustave Flaubert, para recordar y deleitarme releyendo al escritor escrupuloso, el fiel ejemplo del interminable buscador de la palabra exacta (le mot juste). No fue posible encontrar ni este ni otros libros como los de Robert Louis Stevenson, que alguna vez formaron parte de mi librero, pero que se fueron yendo de su habitual armario bajo el brazo no sé de cuántos amigos, luego de largas tertulias y la aceptación cómplice de que no volverían, pues me alegraba la idea de que alguien compartiera conmigo la satisfacción de leerlos.
Creo que la Feria del Libro va logrando su objetivo poco a poco, pero a paso firme, para generar la cultura de la lectura, que real o fantástica nos enriquecerá porque la lectura genera cultura.
El autor es diplomático
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