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Reportaje especial
Panamá, domingo 20 de mayo de 2007
 

PROYECTO ESTÁ EN LA ASAMBLEA.

Ley de vacunas

Xavier Sáez-Llorens

Mis dedos pedían escribir sobre el moderno e impostergable proyecto de salud sexual y reproductiva elaborado conjuntamente por estamentos de las Naciones Unidas (Unicef, Unpfa) y técnicos de Minsa y Meduca, pero lo diferiré hasta mi próxima entrega porque una ley sobre vacunas está en pleno debate en la Asamblea. Mientras tanto, colectaré más información que ayude a refutar los argumentos primitivos y desfasados que han esbozado grupos puritanos, "sexólogos religiosos" y periodistas del Opus Dei para inundar de dogma e ignorancia a nuestroscentros escolares, bajo la triste permisividad del Ministro de Educación. ¡Obnubilación educativa en el siglo XXI! Pobre juventud.

Aplaudo la decisión ministerial de tener una ley de vacunas que obligue al Estado a disponer de suficientes recursos económicos para destinarlos a la prevención de numerosas enfermedades, presentes y futuras, a través de estrategias agresivas de inmunización. Panamá es uno de los pocos países de la región que no cuenta con dicha ordenanza. Ahora bien, tan pronto sea aprobada esta propuesta, la decisión de incorporar vacunas al esquema nacional debe basarse en aspectos técnicos consensuados en suelo patrio (Consejo Nacional Asesor de Prácticas en Inmunización, Programa Ampliado de Inmunización, sociedades científicas, Dirección General de Salud, instancias epidemiológicas) y no motivada por presiones de empresas privadas ni por mandatos procedentes de las oficinas refrigeradas de OPS. Panamá ha sido felicitada en múltiples foros científicos internacionales por la determinación soberana de implementar, antes que nadie, la vacunación contra rotavirus. Los beneficios sociales de esta valiente medida ya empiezan a palparse. Esa es la línea que debemos seguir.

Para claridad colectiva sobre la forma en que deben tomarse las decisiones en esta materia, analicemos un ejemplo reciente. La OMS ha recomendado la vacunación universal contra una bacteria llamada neumococo (causante de septicemia, meningitis, neumonía, otitis y sinusitis), particularmente en países con elevadas tasas de mortalidad infantil (más de 50 x 1000 niños menores de 1 año de edad) y de infección respiratoria aguda letal. Considero muy prematuro acatar esta sugerencia en Panamá por las siguientes razones. Primero, porque nuestro país exhibe tasas razonablemente aceptables de mortalidad infantil (16 x 1000); segundo, porque la única vacuna disponible comercialmente en la actualidad ha sido solamente estudiada, de manera adecuada, en Estados Unidos o Finlandia y nuestras poblaciones son diferentes en etnia, genética, nutrición y ambiente; tercero, porque en esos lugares la eficacia para neumonía no superó un 30% y para otitis no rebasó un 8%; cuarto, porque los tipos (serotipos) circulantes de neumococo en la región latinoamericana son proporcionalmente diferentes a los detectados en territorio norteamericano (la cobertura estimada de dicha vacuna sería 15-25% menor acá que allá); quinto, porque el impacto de dicha vacunación en la reducción de enfermedad grave sería marginal para nuestro país, ya que la tasa estimada de meningitis neumocócica es tan solo 2-3 x 100,000 niños menores de 5 años); sexto, porque datos recientes en Alaska (JAMA 2007; 297:1784) indican un importante fenómeno de reemplazo de serotipos (no cubiertos por la vacuna en mención), lo que ha ocasionado un incremento substancial en sus tasas de enfermedadinvasora, 3-4 años después de iniciada la vacunación masiva; séptimo, porque la eficacia en Navarra y Murcia, que será publicada el próximo mes (Clin Infect Dis 2007; Junio 1), es menor del 40% (había sido previamente estimada en 65-70% según los serotipos circulantes) debido precisamente a este fenómeno de reemplazo; y por último, porque el gasto de su universalización es considerable, erogación que interferiría con otras prioridades sanitarias. A mi juicio, la prevención de cáncer uterino (infección por papilomavirus), varicela o tosferina en adolescentes/adultos y la introducción de la vacuna de polio inactivado merecen también una discusión abierta y rigurosa.

Considero, además, que necesitamos conocer con más detalle la carga de enfermedad neumocócica y la distribución de serotipos en nuestro país. De hecho, debido a este vacío en información epidemiológica local y a los puntos endebles que exhibe la vacuna actual, lidero un amplio grupo de excelentes profesionales panameños que ya empezó una investigación tendiente a documentar la frecuencia y magnitud de dicha infección en niños. Además, pensamos iniciar prontamente un estudio para valorar la seguridad y eficacia de otra vacuna potencialmente más efectiva. Este novel producto protege contra 10 serotipos de neumococos (los más frecuentes en América Latina) y, además, cubre H. influenzae, otro germen causal relevante en otitis, sinusitis y posiblemente neumonía. Por ahora, recomiendo a las autoridades sanitarias a vacunar solamente a los grupos de mayor riesgo de enfermedad neumocócica grave (pacientes con sida, anemia falciforme, síndrome nefrótico, enfermedad pulmonar crónica, entre otros) y esperar a que concluyamos este ensayo (3 años) para que se tome una decisión fundamentada y transparente sobre la vacuna a elegir para todos nuestros ciudadanos. Debemos evitar que solo una empresa, de forma monopólica, controle el mercado de la vacunación en Panamá.

Debido a que la investigación que conducimos actualmente está financiada por una empresa competidora de vacunas, mi conciencia se siente obligada a declarar este conflicto de interés. Aunque mis principios éticos están por encima de presiones externas de cualquier índole, dejo al criterio de los lectores y de los expertos en este campo la evaluación del peso y veracidad de estos conceptos porque prefiero estar alejado de involuntarios sesgos personales. Aunque presumo que mis habituales detractores ladrarán, independientemente de lo que yo predique, el beneficio que obtendremos de estos estudios para la comunidad panameña y mundial es razón más poderosa que la crítica gratuita que pueda recibir de parte de los sicarios de la credibilidad ajena. Por tanto, disfrutaré solamente los objetivos comentarios de la gente bien intencionada. Hay mucha.

El autor es médico



 
 
 
 
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