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Reportaje especial
Panamá, viernes 18 de mayo de 2007
 

SOMBREROS. ELEGANCIA, ESTATUS Y PODER.

El significado del buen vestir

El uso de los sombreros de estilo y porte fue quedando en el olvido con el pasar de los años. A partir de la década de 1980, las gorras han ganado terreno en las preferencias, especialmente entre los más jóvenes.

LA PRENSA/Demóstenes Angel
851030
Artesano Antenor Ubillús.
Shelmar Vásquez Sween
svasquez@prensa.com

El sombrero era hace más de 25 años una pieza importante del vestuario en Panamá y el resto del mundo. No simplemente porque era sinónimo de elegancia, sino porque a través de él se podía conocer el estatus socio-económico del propietario.

Pero esta realidad ha cambiado, dice el historiador y sociólogo Rodolfo Cerezo. Argumenta que especialmente en América Latina, el uso del sombrero como atuendo fundamental del guardarropa para hombres y mujeres es cosa del pasado. Aunque, agrega, hay jóvenes que han retomado el uso de esta prenda de vestir como elemento para diferenciarse de los demás, llamar la atención o expresar su irreverencia. Los demás, sustenta, sólo utilizan sombrero de vez en cuando para protegerse del sol en los fuertes veranos.

Por su parte, Antenor Ubillús, quien ha dedicado 41 años de su vida a confeccionar y arreglar sombreros de todo tipo en un pequeño local que heredó de su abuelo, ubicado en calle 18 El Chorrillo, frente al Parque de Los Aburridos, opina que la caída de los sombreros de estilo y porte llegó a Panamá por el año 1985, cuando todo mundo quería llevar en su cabeza una gorra de su equipo deportivo favorito. "Creo que la ola de las gorras se dio más que por ser fanático de un equipo determinado, por economizar y por la comodidad".

Sustenta Ubillús —quien en años anteriores le hacía los quepis al general Manuel Antonio Noriega— que quien tenía un sombrero sabía que cada dos meses debía llevarlo a un especialista para que le diera mantenimiento. Además, no lo podía "tirar" en cualquier parte porque se partía con facilidad o perdía su forma. Antes, dice el artesano, no cabían los sombreros en su local, podían llegar hasta los 200, pero ahora, si acaso tiene 30 que le han encargado arreglar. "Hacerlos para vender ya no es rentable".

Vea Amantes de los sombreros



 
 
 
 
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