| CRISIS SINDICAL.
Lo que el viento se llevará
851091Amed A. Arosemena A.
En 1886 los obreros en Chicago, Estados Unidos, sujetos a una exagerada explotación laboral, iniciaron un movimiento que tuvo como principal objetivo, obtener una reducción en la jornada de trabajo. Luego de su famosa huelga un primero de mayo, lograron respuesta a esta y muchas otras peticiones.
Podemos argumentar que este acontecimiento inició una integración de criterios a nivel mundial, todos en una misma dirección, para poder así demandar un trato más decoroso hacia los trabajadores. En todos los países se establecen empresas, por consiguiente, se crea la figura del "sindicato" para facilitar la comunicación obrero-patronal, por una vía más específica a fin de mantener equilibrio entre ambas partes. Para refrescarnos la memoria, consultamos varias fuentes bibliográficas, teniendo en resumen, que un sindicato es una asociación integrada por trabajadores en defensa y promoción de sus intereses sociales, económicos y profesionales relacionados con su actividad o con respecto al centro de producción o al empleador que están relacionados contractualmente.
Los sindicatos por lo general negocian condiciones de trabajo como salarios, horas laborales, tiempos extra, entre otros derechos. La República de Panamá es un ejemplo positivo a nivel mundial por los acuerdos alcanzados entre el Gobierno, las empresas y los obreros. A pesar de los múltiples desacuerdos en materia laboral, existe la intrínseca realidad de que los trabajadores panameños cuentan con un Código de Trabajo, más o menos equitativo a sus expectativas, tomando como base las ventajas obtenidas al incluirse en el Libro Tercero referente a las relaciones colectivas en el Título I, el derecho de asociación sindical, lo que no sucede en otras partes del mundo. Muchos profesionales perciben el sindicalismo como algo ajeno, ya que no se identifican como obreros, pero, debemos tener presente que toda persona que recibe un salario, independientemente de la profesión, es un obrero.
El Capítulo 1ro en su artículo 335 señala que podrán formar sindicatos sin necesidad de autorización y afiliarse a los mismos, los empleados, obreros, profesionales y empleadores cualquiera que sea el oficio, profesión o actividad que desarrollen. Si todas las profesiones se organizaran para pronunciarse a favor de causas justas, sin importar su función y manteniendo un espíritu de integración, tuviéramos sin duda alguna un mejor país. A su vez, podemos señalar las evoluciones que tiene el sindicalismo a nivel mundial, donde existen grupos organizados, de todos los estratos laborales y académicos en las empresas, razón por la cual, hoy vemos a profesionales organizados de otras disciplinas que por tradición no tuvieron una efectiva capacidad organizativa y poder de convocatoria. En reiteradas ocasiones, muchos dirigentes de los grupos de trabajadores organizados en Panamá han desperdiciado, mediante actitudes intransigentes y retóricas estériles, oportunidades claras de negociación con posibles resultados positivos a esa inmensa mayoría de trabajadores que dicen representar. Un claro ejemplo fueron las reformas a la ley de seguridad social, cuando diversas agrupaciones de distintos sectores laborales se integraron en defensa de sus intereses, utilizando como bandera al pueblo panameño, ante una situación fortuita que trastocaba a un sector representativo de la población.
El pueblo, prácticamente dio luz verde para que estos se agitaran en las calles y lucharan por los intereses de todos, a tal punto que cuando quedaron sin recursos, se les brindó el apoyo mediante contribuciones, para seguir adelante, pero, los dirigentes quisieron ver más allá y cambiaron la verdadera lucha por un proyecto político, lo que a nuestro juicio, se convirtió en el "principio del fin" de estas agrupaciones. Se les olvidó por completo que el ciudadano panameño es mucho más pensante que en épocas anteriores, y pudo percatarse de forma inmediata de la escasez de propuestas que imperaba en ellos, situación que el Gobierno aprovechó abriendo el compás para que ofrecieran sus propuestas de solución, y los dirigentes optaron por mantener una postura rebelde creyendo que la sociedad iba a seguir apoyando este tipo de acciones. La realidad fue otra, el pueblo se cansó y les dio la espalda por el simple hecho de no demostrar coherencia en sus argumentos. Por varias semanas, los panameños tuvieron que soportar la incomodidad de los tranques vehiculares y de las protestas callejeras, sin obtener resultados satisfactorios a sus expectativas.
Muchos coincidimos en que los grupos de trabajadores organizados en Panamá deben aprovechar su presupuesto en la capacitación de todos los integrantes para lograr un estatus académico-ideológico más acorde con la realidad nacional. Señores, estamos en Panamá, no en Cuba ni en Venezuela, si esto fuese así, a varios de los dirigentes con banderas alusivas al Che Guevara, el propio Fidel Castro les hubiera emitido una carta de destitución, por no tener un intelecto cónsono con las verdaderas responsabilidades sindicales. Antes los problemas eran internos, pero en la actualidad el panameño es testigo de los improperios que se dicen unos a otros y todo por querer mantener una agenda política que a decir verdad, ya no tienen posibilidad alguna de concretar.
Los máximos dirigentes pretenden, a costilla de las diversas organizaciones, seguir obteniendo beneficios y prebendas, así como notoriedad social a través de los medios de comunicación. Mientras que alrededor del mundo se conmemoró el Día Internacional del Trabajo con espíritu de integración y de retomar la verdadera esencia de la lucha obrera, en Panamá, los dirigentes sindicales hicieron gala de un lenguaje ofensivo, promoviendo la división y mostrando una evidente incapacidad de conciliación entre líderes. Por ello, el sector sindical continuará perdiendo batallas, mientras que los actuales dirigentes se mantengan al frente y por el momento, una gran mayoría de panameños seguimos siendo testigos de lo que el viento pronto se llevará.
El autor es comunicador social
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