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Reportaje especial
Panamá, viernes 18 de mayo de 2007
 

LABOR DE LOS PADRES.

La educación sexual de nuestros hijos

Eudoro Silvera

La presente opinión parte de la premisa de que ningún hijo nuestro menor de edad debe andar discutiendo cuestiones sexuales con adultos perfectamente extraños a su entorno familiar. ¿Por qué?

1. Porque un adulto extraño es una persona con quien el niño o niña no debe discutir ni aprender cosas íntimas que hoy no se atreve a debatir, ni superficialmente, con sus padres o, en su defecto, con sus parientes más cercanos. Si esto es así, la falta de confianza podría motivar dos estados anímicos conflictivos: o el niño no creerá en la sinceridad del adulto extraño que le enseña sexo, no importa que use el vocabulario científico, o el o la menor de edad podrían interpretar mal las enseñanzas que tienen relación directa con sus órganos genitales o partes íntimas y se sentirían confundidos por este extraño que les está descubriendo un arcano o cosa secreta de la cual no se habla ni en casa.

2. De todo lo cual se deriva una sola solución lógica en nuestro medio:

a) A quienes hay que educar es a los padres (eliminando la intervención de toda idea religiosa con sus tabúes, temores e insondables misterios) para que con amor, sinceridad y objetividad científica, suplanten decididamente y con valor cívico a los incompetentes y anacrónicos pseudo-sexólogos de Unicef y Unesco.

b) Una niña de entre 13 y 15 años que haya sido educada por sus padres en estos asuntos tan delicados sabrá evitar los embarazos no esperados, sabrá identificar a los pervertidos sexuales que la puedan acosar y hasta violar. A los niños hay que enseñarles a reconocer a los adultos pedófilos, ya sean curas o seglares, ya viejos bisexuales corrompidos.

c) La única manera de lograr la suficiente confianza entre hijos, progenitores y parientes cercanos, al punto de que desaparezcan los tabúes religiosos con que hemos sido educados, es el tuteo, ya que este permite que el niño o la niña se atrevan a decir sin temor al estúpido castigo corporal:

"Oye papá (mamá), ese hombre me está acosando sexualmente; me regala cosas, trata de tocarme, me piropea".

El autor es pintor, músico y caricaturista



 
 
 
 
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