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Reportaje especial
Panamá, viernes 18 de mayo de 2007
 

EDUCACIÓN.

Calidad y complejidad

Elda Maúd De León

La calidad de la educación es un tema complejo, tiene muchos factores involucrados y las interacciones entre ellos pueden ser muy diversas, por tanto los resultados varían entre satisfactorios, regulares o deficientes. Por tema complejo entenderemos problema integral, sistémico u orgánico, así pretendemos analizarlo. Si dividimos un organismo o sistema y estudiamos una única parte, simplificamos algo que es complejo y nos corremos el riesgo de obtener conclusiones simplistas. El enfoque sistémico estudia cada hecho de manera comprensiva o unificada, NO dividida y atomizada.

En la primera mitad del siglo XX, se organizó el Sistema Educativo de la República. Hasta la década del 40, y muy probablemente del 50, la sociedad en general estaba satisfecha con la calidad de la enseñanza, este juicio cambió radicalmente desde los inicios de la segunda mitad del siglo. ¿Por qué?

En la segunda mitad, la población panameña había crecido y un grupo grande había migrado del campo hacia las ciudades. En la provincia de Panamá aumentó geométricamente con los asentamientos humanos de La Chorrera y San Miguelito. La población escolar rebasó el número de escuelas en las áreas urbanas y la medida "coyuntural" que se tomó fue utilizar cada edificio para dos matrículas diferentes, creándose los turnos matutino y vespertino; así que los horarios escolares se acortaron y las asignaturas se concentraron.

Las "horas de estudio" o de biblioteca, en que los estudiantes tenían acceso a libros y a orientación para indagar en ellos, elaborar sus tareas y estudiar, fueron eliminadas; a las "asignaturas culturales" se les disminuyó el número de horas. Los estudiantes pobres empezaron a pasar demasiadas horas solos, sin la protección de los padres, ni de los maestros, sin contar con libros, materiales, ni personas que pudiesen ayudarlos a estudiar y aprender. A esto algunos le llaman "masificación" de la educación y la culpan del desmejoramiento de la enseñanza; pero en las áreas rurales no había matrículas desbordadas y también sufrieron el cambio de horario, quedando edificios vacíos en las tardes. Aquella decisión coyuntural ha permanecido como definitiva hasta ahora.

Determinar que la calidad de la educación es un compromiso exclusivo del sistema educativo promueve juicios sobre culpabilidad muy específicos: "Es que a los alumnos no les gusta estudiar", o "es que los maestros y profesores son incapaces", o "los padres son irresponsables y no ayudan ni gobiernan a sus hijos", etc. También lleva a expectativas tipo panacea: "Que aprendan otro idioma (inglés) porque eso es lo que se necesita", o "que se capaciten en una profesión u oficio porque así conseguirán empleo" o "que se disminuyan los requisitos sobre aprovechamiento porque son muy exigentes", etc.

En realidad, la calidad de la educación tiene muchos factores o componentes: El alumno con sus motivaciones, capacidad y esfuerzo intelectual; los padres (familia), su grado de escolaridad, situación económica y el grupo social a que pertenecen; el docente y su formación académico-pedagógica, su práctica profesional, actitud personal y el medio cultural y social en que se ubica; el plan y los programas de estudios, la supervisión, los auxilios técnico-pedagógicos, y demás reglas y normas del Ministerio de Educación; la escuela, su infraestructura, cultura, modelos, relación con la comunidad y recursos con que cuenta; la política de educación del Estado y la asignación presupuestaria para cumplirla.

Tantos componentes interconectados ameritan que se encare el grave problema de la calidad educativa mediante un análisis no de problema aislado y específico del sistema educativo, sino contextualizado: En Panamá hay dos países y en uno de ellos campea la pobreza. Cuando un animal está hambriento se satisface de la manera que sea, cuando un ser humano vive en pobreza crítica está condenado a negar los valores morales humanos con tal de sobrevivir. La pobreza crítica, con sus características de desamparo, e inseguridad, es el caldo de cultivo de actos delictivos para satisfacer las necesidades básicas.

Para lograr calidad en la educación se necesita actuar sobre todos los factores. La política pública de educación –o mejor dicho el Estado– tendría que garantizar que la niñez y la juventud permanecerán en la escuela durante las ocho horas laborables en que sus padres no están en casa, es decir, hay que construir muchas más escuelas en las áreas urbanas, aumentar significativamente el salario de los docentes que permanecerán ocho horas, dotar de materiales y equipos modernos. Eso implica un porcentaje mucho más alto del PIB para la educación pública panameña.

El problema de fondo es que nuestro estado de derecho sea capaz de eliminar a corto plazo la pobreza crítica y reformular la política económica, tomando en cuenta que tras la recuperación de la soberanía total, nuestro país cuenta con los recursos para lograr muchas cosas. Es imperdonable que en países como El Salvador, Guatemala y Costa Rica el promedio de ingreso de los pobres sea mayor que en Panamá. Si la economía no estuviera tan distorsionada se podrían aumentar el trabajo y la producción, y si nuestra democracia fuese más participativa se distribuirían de manera más justa los recursos, lo que disminuiría la violencia y la inseguridad ciudadana, por tanto podríamos lograr una convivencia pacífica.

El contexto económico y político tiene un peso y una responsabilidad muy fuertes en cuanto a carencias en el sistema educativo y, por supuesto, en la calidad de la educación. Es innegable que el ministerio tiene gran incumbencia, pero no es exclusiva. Con toda seguridad, una democracia más evolucionada vendrá acompañada del mejoramiento significativo de la calidad de la educación. Unamos voluntad y acción para, entre todos, lograrla.

La autora es catedrática universitaria



 
 
 
 
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