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Reportaje especial
Panamá, viernes 18 de mayo de 2007
 

PROBLEMAS. SURGE EL DEBATE SOBRE CAMBIO DE CONDUCCIÓN EN WASHINGTON.

Dos escándalos, un mismo problema

Ni Alberto Gonzales ni Paul Wolfowitz cumplieron las expectativas de los estadounidenses.

La imagen del Gobierno cae en picada, el descenso pasa por los escándalos y la respuesta al huracán Katrina.

AP
NEGOCIACIONES. El presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz se doblegó ante las presiones y renunció.851205
WASHINGTON, EU
AP

Alberto Gonzales y Paul Wolfowitz bien pueden ser los símbolos de todo lo que anda mal en la política estadounidense: amiguismo, incompetencia y una descarada falta de responsabilidad ante el electorado, que clama por un cambio. Gonzales, amigo tejano del presidente George W. Bush, hundió al Departamento de Justicia en un tembladeral político y legal, y luego echó la culpa a sus subordinados y a su mala memoria. Wolfowitz, el conservador intransigente que subestimó la dificultad para poner en vereda a Irak, recibió como premio la presidencia del Banco Mundial y rápidamente cometió una falta ética que compromete a la institución multilateral.

Aunque rueden las cabezas de ambos, la ciudadanía no se dará por satisfecha con la destitución de dos funcionarios que no estuvieron a la altura de sus funciones. La gente quiere un nuevo tipo de conducción en Washington, y por ahora no la encuentra en ninguno de los dos partidos tradicionales.

Los demócratas tienen sus propios problemas, entre ellos el de los precandidatos presidenciales que parecen ceder en cuanto a Irak y los representantes que violan sus promesas electorales sobre reforma de las leyes de cabildeo.

"La gente quiere cambios drásticos en el funcionamiento de la política: el dinero, el cabildeo, todo", dijo el estratega demócrata Joe Trippi, asesor del precandidato John Edwards.

La fe de la opinión pública en el Gobierno decae desde hace años y cayó en picada en el 2005, ante la pésima respuesta de los gobernantes locales, estatales y federales al huracán "Katrina". La lenta recuperación de la zona afectada reafirma la desconfianza de la gente en el Gobierno.

"Washington está quebrado", dijo el martes Mitt Romney, una de las muchas voces contra Washington en el debate presidencial republicano. Lo cual nos trae de vuelta a Gonzales y Wolfowitz. Bajo Gonzales, el FBI violó la ley para obtener información personal sobre ciudadanos y el Departamento de Justicia despidió a siete fiscales federales. Esta última medida, aunque legal, hizo pensar que la Casa Blanca trató de usar a las fuerzas del orden de la nación para causarles problemas legales a los políticos demócratas. Cuatro altos funcionarios del departamento han renunciado, y Gonzales ha convertido a dos de ellos en chivos emisarios por los despidos. Su declaración ante el Congreso fue una maratón de evasivas, supuestas fallas de memoria y traspaso de culpas tras la cual algunos republicanos se unieron a los demócratas para reclamar su despido.

La Casa Blanca aplicó el programa sin la aprobación de Justicia, dijo Comey. Ante las renuncias de Ashcroft, Comey y el director del FBI Robert Mueller, Bush cedió y modificó el programa de acuerdo con los reclamos del departamento.

Gonzales "ha perdido autoridad moral para dirigir", dijo el senador republicano Chuck Hagel.

Lo mismo se dice de Wolfowitz desde que una comisión del Banco Mundial lo acusó de violar las normas éticas al disponer un gran aumento salarial para su novia. Después de varios días de controversias, la Casa Blanca dijo por fin dijo que aceptaría la renuncia de Wolfowitz.

Vea ‘El hombre que arruinó al Banco Mundial’


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