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San Juan
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LA PRENSA|Víctor Arosemena |
PUENTE ROTO | Cuando los vecinos del área de San Juan, provincia de Colón, cruzan el puente están literalmente en manos de su santo patrono porque falta un tramo de la baranda que debía protegerlos de caer al vacío. Sería bueno que las autoridades se pongan diligentes y reparen el puente, porque en el momento en que el santo de la vuelta, alguien va a perder la vida allí.
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Información ‘señuelo’
No le hagamos el juego a la Policía. No digo que se suprima información, pero el énfasis debe ser sobre las vicisitudes de la investigación sobre el crimen, si se está haciendo lo necesario para resolverlo y llevar a los responsables a los tribunales y procurar justicia.
Yasmina Reyes
yreyes@prensa.com
Uno de los trabajos más satisfactorios de los periodistas es desenmascarar a los bellacos: al empresario deshonesto, al político mentiroso y manipulador, al funcionario deshonesto, incompetente, negligente o vago, y cuyas acciones u omisiones dañan a la comunidad con la que deben contribuir o prometieron servir. Es por eso que el periodista debe estar atento a las trampas que estos personajes tienden para protegerse y evitar que se expongan su falencias, y con ello escatimarle a los ciudadanos el derecho a la información que necesitan para tomar decisiones.
Hay muchas de estas trampas, pero esta vez quiero referirme al plantado de la información que yo llamo "señuelo", esa que divulgan para cubrir sus pasos y distraer al reportero de la noticia real.
El reciente caso del asesinato del colombiano nacionalizado panameño Luis Hermida Madrid o Luis Francisco Álvarez Ruiz es el último y más claro ejemplo. Desde la tercera publicación me pareció que "algo está podrido en Dinamarca" y ya no era posible esconder el hedor.
¿Por qué?
Porque las autoridades en lugar de hablar sobre los avances de la investigación del crimen, estaban cuestionando a la víctima. Como yo lo veo, no importa quién haya sido la víctima; sus antecedentes (criminales o ejemplares) pueden servirle a la policía para buscar a sus asesinos, pero no para juzgarla a ella, como si "se mereciera" haber sido asesinada porque era -o se especula que era- un malviviente.
Entiendo que siendo una investigación en proceso, las autoridades tienen que medir qué dicen para no poner sobreaviso a los criminales, pero otra cosa muy diferente es enlodar a la víctima. Primero la matan y luego la desnudan y la exponen, supuestamente como parte de las pesquisas para atrapar a sus asesinos. Lo matan dos veces y en ningún caso el afectado puede defenderse.
Ejemplo concreto
El lunes 30 de abril, desconocidos emboscaron y asesinaron a un hombre en plena calle, en la concurrida Ave. Manuel Espinosa Batista. La "operación", tan pública como audaz, que recordaba los días terribles de la década de 1980 vividos por nuestros vecinos colombianos, dejó a la ciudadanía estupefacta. Y "empezaron las pesquisas" que, por sus frutos, sospechosamente se centraron en la víctima y casi no han avanzado en la identificación de los asesinos.
La primera nota (publicada al día siguiente, 1 de mayo de 2007) reporta el hecho: asesinaron a un hombre en plena calle y la policía inició las investigaciones y "está tras la pista de los asesinos". No había certeza sobre la identidad de la víctima.
Al día siguiente (2 de mayo) se identifica al muerto como "Luis Hermida Madrid, colombiano, nacionalizado panameño desde 1995" y se indica que la policía informaba que había cumplido una sentencia de ocho años de prisión por delitos relacionados con droga. Además, se reporta que la esposa está presa por un "caso similar" y que su hermano había sido investigado por delitos relacionados con estupefacientes.
En la nota se reporta que, al salir de la cárcel, el hombre asesinado realizó "movimientos migratorios extraños" y que supuestamente "formaba parte de una organización criminal que opera desde 1990". Seguidamente el jefe de Investigaciones Criminales de la Policía Técnica Judicial, Hermelo Altamiranda, dijo que suponían que el crimen estaba relacionado con el narcotráfico, que tenían diversas hipótesis y que la investigación estaba apenas comenzando.
Cinco días después (7 de mayo), se publica una noticia sobre las gestiones de Luz María Muñoz, esposa de Madrid, para apelar la condena de siete años que pesa en su contra por delitos relacionados con drogas. La nota arranca con las gestiones de la señora —que había gozado del anonimato y cuya suerte a nadie interesaba hasta la muerte violenta de su esposo—, cuando lo importante era el seguimiento al caso del asesinato del cónyuge a lo que se refiere la nota en el cuarto párrafo (la noticia, un bajante, tiene seis párrafos). Ahora bien, no se dice nada de la investigación; se habla del sepelio, y de las hipótesis sobre los motivos del asesinato, sin embargo, no hay nada sobre el paradero o identidad de los asesinos. Sobre eso, las autoridades, tan locuaces sobre los demás temas, no tienen nada que decir. Muy raro. Para mí era un silencio demasiado ruidoso.
Ya en la edición del 8 de mayo, fuentes no oficiales empiezan a difundir la teoría de que dos ex miembros de los "Linces" (policías de élite fuertemente armados que patrullan en moto) podrían haber sido los sicarios... Las autoridades —obviamente— se muestran sorprendidas. El director encargado de la Policía Técnica Judicial, Gustavo Barragán, dijo: "No sabemos nada de esto, es la primera información que conocemos al respecto. No podemos certificar nada de eso en estos momentos, pero estamos investigando". Y, seguidamente, cuelan el señuelo. Barragán confirma que se investiga la posibilidad de que Hermida Madrid utilizara un nombre falso para sus actividades en Panamá. Dijo que cotejaban sus huellas dactilares con otra documentación de identidad que han obtenido, para aclarar esta hipótesis. Advierte que no han podido ubicar las motos usadas en el ataque ni a los perpetradores, "pero hay nuevas pistas"... y sobre eso no dice nada más.
En la siguiente edición (9 de mayo) la Policía refuerza el ataque contra el difunto. Reporta que pruebas forenses muestran que el automóvil en que viajaba la víctima había sido usado para transportar droga y que Luis Hermida Madrid era una identidad falsa, que por las huellas dactilares habían detectado que también se le conocía como el ciudadano colombiano Luis Francisco Álvarez Rivas, fichado por delitos sexuales y relacionados con drogas. Nada agregaron sobre la investigación del asesinato o la teoría de los ex policías sicarios.
Por eso, tras exponer mis reservas sobre el manejo del caso, me alegró mucho ver que se le ha dificultado la maniobra a los encargados del caso. En la última entrega sobre el tema, se reportó la infame telenovela sobre Madrid-Álvarez (que la gente quiere saber), pero se advierte que: "Sobre los sicarios, aún las autoridades no tienen pistas".
Los lectores quieren la telenovela, es cierto, pero también quieren saber si se avanza en las investigaciones, y la misión de los periodistas y de La Prensa es trabajar para que tengan oportunamente la información relevante, filtrar los señuelos y retirar las trampas destinadas a desviar la atención de lo importante para que nos entretengamos con tantos detalles inútiles y no veamos el cuadro completo.
Para conseguirlo, solo basta ceñirse a los principios profesionales que propugna este medio en sus Normas Éticas (Manual de Redacción, pág. 5)
"Buscar la verdad de forma permanente e irrenunciable". La verdad periodística, la verdad de los hechos. Y para ello "Investigar exhaustivamente y recabar tantas versiones como sean necesarias para informar con sustento, exactitud, equidad y responsabilidad"... mientras "actúa con independencia frente a las fuentes informativas y grupos de poder". A escardar y tejer
Noticias tóxicas
16 DE MAYO.La portada de la edición del día 11 de mayo de 2007 del diario La Prensa dice con las letras más grandes que tiene el periódico: "Tóxicos en pastas de dientes" y en la página 6A hay una foto de la lista de componentes de cierto dentífrico.La portada de la edición del día 15 de mayo de 2007 del diario La Prensa dice con las mismas enormes letras: "Tóxicos en protector solar" y la página 6A trae una foto con la lista de componentes de cierto protector solar.
En ambas listas, escritas en inglés, aparece un ingrediente llamado diethylene glycol. Su descubrimiento ha provocado el cierre de una tienda, la destitución de un funcionario y otras parafernalias.La palabra tóxico significa veneno y para que una sustancia sea venenosa es necesario consumirla en una cantidad determinada. Hay muchos venenos que, administrados en proporciones ínfimas dejan de serlo y son inocuos o, incluso, medicinales. Las vacunas, los sueros antiofídicos y toda la medicina homeopática están basados en este principio.
El glicol de dietileno (llamado por nuestros comunicadores dietilene glycol en una mala grafía y peor pronunciación de su nombre inglés) pudo haber matado a muchas personas consumido de una forma y no ser peligroso en otras circunstancias.O hay fabricantes tan brutos que declaran públicamente su intención de envenenar a los usuarios o La Prensa está adquiriendo prácticas alarmistas y amarillistas. Me parece más verosímil lo segundo que lo primero.
Francisco Moreno Mejías
En Darién falta de todo, propuesta
12 DE MAYO.La noticia de que faltan especialistas en Darién exige una reflexión nacional, de autoridades y de profesionales, sobre un asunto que no es competencia exclusiva de una profesión ni de una región del país. También faltan ingenieros y arquitectos, abogados y maestros, contadores y banqueros, economistas y odontólogos. Faltan médicos especialistas por las mismas razones que faltan otros profesionales: el desamparo al que sometemos a las comunidades distantes.
En el caso del Darién, nada es diferente a lo que fue en el siglo XIX.Tratando de concentrarme en las políticas de salud, reitero una propuesta que hiciera hace algunos años, cuando dirigía los destinos de la Sociedad Panameña de Pediatría. El Estado puede convertir los años de servicio obligatorio de internado y de servicio rural en dos años de servicio rural. De esta manera, se puede mantener una atención médica razonable en regiones que hoy están huérfanas.
Pedro Ernesto Vargas
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