| PAKISTÁN.
Los acólitos del terror de Pervez Musharraf
| AP/Anjum Naveed |
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Pervez Hoodbhoy
Después de que el despido mal aconsejado del jefe del Tribunal Supremo de Pakistán encendiera una tormenta de protestas públicas, el presidente general Pervez Musharraf puede estar confiando en que los fanáticos islámicos creen caos en la capital del país, Islamabad. Muchos sospechan que un baño de sangre orquestado, que conduzca a una intervención armada y a la declaración de una emergencia nacional, pueda servir como pretexto para posponer las elecciones de octubre de 2007. Esto podría permitirle al régimen dictatorial de Musharraf entrar en un octavo año de gobierno - y tal vez más allá.
Esta estrategia perversa suena casi increíble. Musharraf, a quien el presidente George W. Bush describe como su "amigo" y que apoya una versión "moderada iluminada" del Islam, considera que los dos intentos cercanos de asesinarlo por parte de extremistas religiosos es una medalla de honor. Pero su confianza secreta en la carta talibán –carta que, según se lo acusa, viene jugando desde hace años– aumenta a medida que su autoridad se debilita.
Las señales de un caos orquestado por el gobierno abundan. En el corazón de Islamabad, grupos vigilantes de una mezquita financiada por el gobierno, Lal Masjid, merodean las calles y los bazaares imponiendo moralidad islámica y aterrorizando a los ciudadanos en la cara de la policía. Abiertamente simpatizantes de los talibán y los militantes que luchan contra el ejército paquistaní, los dos hermanos clérigos que dirigen Lal Masjid, Maulana Abdul Aziz y Maulana Abdur Rashid Ghazi, congregaron a su alrededor a un núcleo de organizaciones militantes prohibidas. Estas incluyen a Jaish-e Muhammad, considerada la pionera de los atentados suicidas en la región.
Los clérigos abiertamente desafían al Estado. Desde el 21 de enero, estudiantes armadas con palos y cubiertas con burqas de Jamia Hafsa, la universidad islámica para mujeres situada junto a Lal Masjid, han ocupado por la fuerza un edificio del gobierno, la Biblioteca Infantil. En una de sus muchas incursiones fuera del seminario, esta brigada burqa irrumpió en una casa, que según ellas era un burdel, y secuestró a tres mujeres y un bebé.
Estudiantes de Jamia Hafsa en Islamabad manifiestan a favor del cumplimiento de la ley islámica, marzo de 2007.
Los estudiantes varones de las muchas madrasas de Islamabad son incluso más activos cuando se trata de aterrorizar a los propietarios de tiendas de video, a quienes acusan de difundir la pornografía. Los diarios publicaron fotos de grandes fogatas hechas con casetes y CDs incautados. La mayoría de las tiendas de video en Islamabad han cerrado. Sus dueños finalmente desistieron después de que una campaña reciente, el 4 de mayo, hiciera estallar una docena de tiendas de música y video, peluquerías y una escuela de mujeres en la provincia de la Frontera Noroeste.
El Estado paquistaní demostró una paciencia asombrosa. En otras ocasiones utilizó libremente el poder aéreo y de artillería para combatir a este tipo de retadores. Los clérigos de Lal Masjid operan con impunidad –no se hizo ningún intento por cortarles la electricidad, el gas, el teléfono o el sitio web, o incluso cerrar su estación de radio FM ilegal-. El principal negociador nombrado por Musharraf, Chaudhry Shujaat Husain, describió a las secuestradoras de la brigada burqa como "nuestras hijas", con quienes continuarían las negociaciones y contra quienes "no se podía contemplar ninguna operación".
Los clérigos son conscientes de que el gobierno quiere colaborar. Su demanda inicial –la reconstrucción de ocho mezquitas construidas ilegalmente que habían sido derribadas por la administración cívica de Islamabad– se convirtió en un llamamiento al cumplimiento de la ley Sharia en todo Pakistán. En un programa de radio el 12 de abril, los clérigos pronunciaron una amenaza: "Habrá ataques suicidas en los rincones y grietas del país. Tenemos armas, granadas y somos expertos en fabricación de bombas. No le tenemos miedo a la muerte…"
El principal clérigo de Lal Masjid, un ex estudiante de mi universidad en Islamabad, agregó el siguiente mensaje escalofriante para nuestras estudiantes mujeres:
El gobierno debería abolir la coeducación. La Universidad Quaid-e-Azam se ha convertido en un burdel. Sus profesoras y estudiantes femeninas deambulan con atuendos objetables. Creo que tendré que enviarles a mis hijas de Jamia Hafsa a estas mujeres inmorales. Tendrán que ocultarse detrás del hijab; de lo contrario, serán castigadas según el Islam… Nuestras estudiantes mujeres no pronunciaron la amenaza de arrojar ácido en los rostros descubiertos de las mujeres. Sin embargo, se podría utilizar una amenaza así para crear el miedo al Islam entre las mujeres pecadoras. No existe ningún daño en esto. Hay castigos mucho más horribles en el más allá para este tipo de mujeres.
De hecho, el 7 de mayo, una profesora del departamento de historia de la QAU fue atacada físicamente en su oficina por un hombre de barba y aspecto talibán que vociferó que tenía instrucciones de Alá.
¿Qué sucederá después? Dado que Islamabad lidera el camino de las ciudades tribales de Pakistán, los nuevos blancos serán las escuelas de mujeres, los cibercafés, las librerías y las tiendas que vendan ropa occidental, y luego los proveedores de papel higiénico, tampones, ropa interior, maniquíes y otros objetos no islámicos.
En un sentido, está pasando lo inevitable. Hasta hace pocos años, Islamabad era una ciudad tranquila, ordenada y moderna que no difería de cualquier otra ciudad en Pakistán. Incluso antes, era principalmente la residencia de la máxima elite y de los diplomáticos extranjeros en Pakistán. Pero la rápida trasformación de su demografía trajo consigo cientos de mezquitas con parlantes montados en minaretes, así como decenas de madrasas construidas ilegalmente en lo que solían ser parques públicos y zonas verdes. Ahora, decenas de miles de sus estudiantes con pequeños gorros de oración cantan debidamente el Corán todo el día. Por las tardes, deambulan en grupos por las calles y bazaares de la ciudad, mirando con la boca abierta por las vidrieras de los negocios y comiéndose con los ojos de manera lasciva a las mujeres con el rostro descubierto.
Se está montando la escena para transformar a Islamabad en un baluarte talibán. Cuando Musharraf se vaya –lo que puede pasar más temprano que tarde-, dejará un legado amargo que perdurará por generaciones, todo por saborear un poco más el poder.
Project Syndicate. El autor es es profesor de física en la Universidad Quaid-e-Azam en Islamabad, Pakistán. Traducción de Claudia Martínez
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