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Reportaje especial
Panamá, jueves 17 de mayo de 2007
 

POR UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA.

Aprendamos de Israel

Gabriel J. Perea R.

Los que escribimos artículos de opinión nos debatimos constantemente en un dilema. Guardar silencio ante los hechos o continuar lo que pareciera una solitaria lucha por despertar el interés ciudadano en construir una sociedad más justa para todos. El camino para aquellos que escogimos no permanecer indiferentes es inclaudicable. Cada grano de arena es un humilde aporte para hacernos eco de aquellos que sienten que es necesario decir lo que se tiene que decir.

Israel es una de las naciones con una lucha que se remonta desde la antigüedad y hoy día permanece como ejemplo de no claudicar bajo ninguna circunstancia. Inclusive no se doblegaron ante las fuerzas que intentaron su exterminio en los hornos de la ignominia y desde las cenizas humanas surgieron legiones de ciudadanos israelíes que defenderán su nación, así sea, ante la incomprensión del resto de las naciones que los ven como usurpadores de una tierra que no les pertenece.

Sin entrar a juzgar la naturaleza de las acciones encaminadas a defender la razón de su existencia como país, la fortaleza de su espíritu es innegable. Israel es fuerte, su fortaleza radica en sus ciudadanos. Esa misma fortaleza les permite cuestionarse cuando las cosas se conducen mal.

Tal es el caso que enfrenta al primer ministro de Israel, Ehud Olmert, días después de que una investigación oficial criticara duramente la actuación del Gobierno en la ofensiva que los enfrentó con la guerrilla de Hizbulá. Las voces se levantan pidiendo la renuncia del ministro por la catástrofe de una guerra que no fue planificada. Son voces de ciudadanos comunes, de padres y madres que perdieron a sus hijos en una guerra donde la muerte no produce vencedores ni vencidos.

Estas acciones de fuerza ciudadana exigiendo la dimisión de los responsables, demuestran una nación con la capacidad de cuestionarse y tomar las medidas que sean necesarias para enrumbar los destinos de su nación.

Debemos aprender de Israel y no permitir que los políticos se sientan dueños de un poder que emana de sus ciudadanos y solo puede ser ejercido por el mandato de aquellos y cuando sea necesario exigirles su dimisión, ya sea que se cumplió o no el periodo por el cual fueron electos.

La legitimidad de los gobernantes no solo se gana en las urnas. Esta depende de la aceptación de sus ciudadanos y cuando esta se pierde, sea quien sea el gobernante, el político, diputado o alto funcionario del Gobierno, que ya no goza del respaldo ciudadano, tiene que irse.

Si nuestro sistema constitucional no permite este tipo de acciones sin calificarnos de sediciosos, atentar contra el orden constitucional o llamarnos malos patriotas, entonces es el momento de exigir un cambio y no tener que aguantar un periodo presidencial completo para poder enrumbar los destinos de la nación. Basta ya de fracasados proyectos de nación cada cinco años sin posibilidad de pedir responsabilidad en las acciones de gobierno. Es tiempo que rompamos con las cobijas inventadas por los políticos para perpetuar un sistema que nunca brindará las respuestas a las necesidades ciudadanas.

Israel llora a sus muertos, Panamá llora a sus muertos envenenados, calcinados, asesinados por la violencia en las calles, marginados por el hambre y el desempleo que genera más violencia.

En una nación donde todo tiene precio, sin importar el legado de las futuras generaciones y la contaminación que respirarán aquellos que vendrán después de nosotros, los próximos solo se podrán presentar como una verdadera opción si están dispuestos a romper con el pasado. Si están dispuestos a afrontar el cambio por un Panamá mejor.

El autor es administrador industrial



 
 
 
 
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