| HECHOS QUE NO HAY QUE OLVIDAR.
Llegó el momento de hacer algo
Antonio José Rivera
En estos días de ocio forzado me di a la tarea de hacer limpieza en el baúl de mis antediluvianas reminiscencias. Vaya que me encontré con cosas que había olvidado, pero que por alguna profética razón todavía atesoraba. Bueno, de esto se acordarán unos pocos, los más se han esforzado en olvidar, y el resto ni en esa época ni ahora le importó algo. Abro una cajeta y allí estaba mi cinta con su indeleble consigna grabada: SOY CIVILISTA. Vieja, gastada, amarillenta, blancuzca con letras en negro, no mide más de media yarda, pero tiene un significado y fuerza descomunal.
Por qué hablo de esto, pues gracias a Dios todavía existen panameños a quienes no les interesan los partidos políticos, y que siendo políticos no se contaminan de ellos. Que todavía conservan ese espíritu quijotesco, que buscan ser en vez de esperar a ver. Ojo, no estoy adulando a nadie -espero-, pues no creo en hombres, lo mío son las ideas, mismas que en aquellos años de la Cruzada Civilista me llevaron a decidir sobre el Panamá que quería. Digo, de eso hace casi 20 años, y el Panamá que estoy viendo ahora no me gusta. No es el mismo de entonces, obvio, pero lo que se puso en juego en esos días no se compensa con lo que nos están ofreciendo. Están tejiendo un Panamá que no es panameño.
Aurelio Barría, ex civilista, y ahora ex candidato a contralor, escribió un artículo intitulado Y tú también... decide (La Prensa, martes 10 de abril, 2007). Como dirigente de la Cruzada Civilista Nacional, tiene todo el mérito y derecho de emplazarnos, de dar el aldabonazo. Hoy, a dos décadas de la mayor movilización nacional "sin bandera partidista" -las comillas significan que sí las había, al igual que intereses y agendas- en donde muchos y muchas cubrieron con un pañuelo blanco sus miedos y temores, todos motivados por un fin común, hoy sabemos quién es quién.
Tan solo ayer hablaba sobre la insoportable ambivalencia de nuestros dirigentes, de los que no hacen nada si no le dicen lo que deben hacer, no dan un paso sin preguntar dónde hay que pisar o si pueden pisar. Y si hacen algo... cuando lo hacen, preguntan a un alguien si le gustó. Son tan predecibles, ojalá sean "ireproductibles". Decide... hay que ser proactivos, no creo que sea una utopía querer cambiar las cosas, tampoco creo que exija mucho esfuerzo, es simple, mira quiénes han sido presidentes: seres humanos sin ningún rasgo extraordinario. A menos que tengan un cromosoma extra. Todo está en uno... sí, pero qué pasa cuando lo de uno le importa poco a todos. Y esos -los todos- hacen de uno nada. No voy a enumerar los problemas ni los escándalos, los polvos mágicos y los espejos, engañan al que quiere. Cada vez que alguien sale a defender algo lo primero que uno se pregunta es: ¿quién está detrás de éste, esto o aquello? Todos son dedos de una misma mano.
El momento de empezar a hacer algo es ahora, el presente para la inmensa mayoría de los panameños dónde está: ¿en la próxima inundación, o hay que buscarlo en otra tragedia etiquetada con alguna excusa de una mano fantasma?
Así como hay abundancia para unos, debe haber para otros, ya debemos ir pensando en eso que llaman equidad social. Dejen de mirar su plato, miren que el precio de la paz, a veces cuesta una guerra. Muchos han dejado sus guerras creyendo que aquí hay paz.
En esos años se persiguió al sedicioso por lo que decía o pensaba, eso ya pasó. Si vuelve a pasar, entonces sabremos no solo quién es quién, sino, quiénes, lamentablemente, no han cambiado.
El autor es ciudadano panameño
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