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dguerra@prensa.com El reloj marcaba las nueve de la mañana en Nueva Delhi, capital de la India, y la temperatura ya alcanzaba los 44 grados centígrados. El camino a Agra, una población localizada a 200 kilómetros de esta ciudad, sería largo y caluroso. Había que estar preparado para todo, por lo menos eso advertía uno de los conductores. Salir por carretera de Nueva Delhi es una verdadera aventura; un mar de personas se juega la vida entre cientos de automóviles, motos, vacas, camellos y tractores cargados de trigo. Después de cinco horas de camino y varias botellas de agua fría aparece en escena una pintoresca ciudad, invadida por turistas de todo el mundo. Todos llegan a contemplar una de las obras arquitectónicas más espectaculares de la dinastía Mughal, una línea de emperadores musulmanes que reinaron en la India entre 1526 y 1858. El Taj Mahal, es uno de los monumentos al amor más famosos del mundo, y un ícono en la historia para los hindúes. Se necesitaron más de 20 mil hombres y cerca de 20 años para levantar este impresionante palacio construido a orillas del río Yamuna por el rey Khurram como parte de una promesa de amor. Cuando era príncipe Khurram se enamoró de Mumtaz Mahal, hija de un noble, que vendía cristales en un mercado. En 1612 se casaron y de esa relación nacieron catorce hijos, un promedio de un hijo cada 16 meses. Durante su último embarazo Mumtaz Mahal sufrió una severa hemorragia que le causaría la muerte, pero antes de morir le pidió a su amado cumplir dos promesas. Ella le hizo prometer que nunca tendría otros hijos con sus otras esposas y que le construyera una tumba hermosa que le recordara a las futuras generaciones su historia de amor. Esa tumba es el Taj Mahal, un impresionante lugar donde todos los años llegan más de 2.2 millones de turistas extranjeros y cerca de 800 mil nacionales. Khurram buscó a los mejores arquitectos del imperio, entre ellos Ustad Ahmad Lahori, quién lideró los trabajos de los artesanos persas y profesionales que trabajaron en esa obra. Más de 15 mil elefantes fueron utilizados para transportar los bloques de mármol blanco que sostienen el edificio. Los artesanos persas incrustaron piedras preciosas en las paredes de mármol y hasta las puertas estaban construidas de plata con clavos de oro. "El oro y la plata eran considerados metales comunes", asegura Aladino Ashieler, un experimentado guía del lugar. "En ese entonces el mármol era una piedra corriente". Las autoridades en Agra tuvieron que prohibir que vehículos comunes circularan cerca del palacio, debido a que la polución deterioraba la calidad del mármol. Por lo que habilitaron vehículos eléctricos para transportar a los turistas que ingresan al palacio durante todo el año. La seguridad es extrema en las cuatro puertas de acceso que tiene el complejo; inclusive están prohibidas las filmaciones de vídeos y cada turista es requisado por oficiales de seguridad. Nadie puede entrar al palacio con zapatos y es normal encontrar a policías civiles que pueden sacar a cualquier persona que no cumpla con las reglas. Dentro del complejo solo se mueve el negocio de la fotografía, por lo que en las inmediaciones del palacio es donde se registra la mayor actividad comercial. "Cuánto tiene amigo", decía un joven hindú, tratando de vender un elefante de madera, mientras huía de los policías que prohíben cualquier clase de negocio en las puertas del palacio. Además en Economía y Negocios
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