| BOLIVIA.
¿Primer presidente indígena?
José Brechner
Adjudicarse el liderazgo del indigenismo continental es una maniobra astuta, no diseñada por Evo Morales sino por Chávez y la ultraizquierda. En Bolivia hubo decenas de presidentes de origen indio, la mayoría de sangre quechua. Algunos hicieron atrocidades en la época denominada "de los caudillos bárbaros", en la que destacó por su prepotencia e ignorancia el general Mariano Melgarejo, que ordenaba a sus oficiales debatir: ¿quién era mejor estratega Napoleón o Bonaparte?
Los aymaras parcamente brillaron en las actividades políticas, aunque algunos lograron notable éxito en los negocios y gozan de fortunas de consideración. La población indígena comerciante rara vez paga impuestos, vive con poco y ahorra mucho. No tiene placeres mayores que el de participar de alguna fiesta y tomar ingentes cantidades de alcohol. Como en toda sociedad, los ricos no son la mayoría, pero tampoco son los mestizos ni los blancos entre los suyos.
El quechua -en relación al aymara- es más atractivo, es más occidental en su vestimenta y conducta, es más propenso a integrarse con otras culturas y es el que se mezcló con el caucásico, formando la gran sociedad cobriza de Bolivia. Presidentes mestizos fueron casi todos. También lo es Morales -a menos que haya adoptado el nombre- de lo contrario su apellido paterno no sería de origen español. La diferencia está en que utiliza como bandera el apasionado indigenismo, para explotar el sentimiento de clase.
Si los que gobernaron Bolivia no fueron grandes estadistas, casi todos los del siglo XX fueron más prudentes y capaces que Morales. Evo no es la solución sino el problema. Creer que un hombre rústico, semi-analfabeto e irresponsable, puede traer soluciones en la era del conocimiento y la información -en un mundo globalizado, altamente sofisticado, ultra organizado y supermoderno- es una absoluta incongruencia. Pero Bolivia es surrealista, y eligió para presidente al dirigente sindical más desafiante y menos confiable que había en el país. Los progres quisieron "darle una oportunidad" al que menos sabe. Thomas Jefferson escribía en 1816: "Si una nación espera ser ignorante y libre, espera lo que nunca se dio ni se dará".
Bolivia pasó de la monarquía incaica al dominio realista, después a la república, para terminar en el pasado precolombino, con los nuevos gobernantes considerando a los blancos como si fuesen Cortés o Pizarro. Para los líderes indígenas no transcurrieron 500 años en que criollos e indios se entremezclaron y lucharon juntos contra enemigos comunes. Si no hubiese habido un mestizaje masivo -lo que contradice el discurso discriminador de Morales- se habría dado un genocidio semejante al cometido por Rosas en la Argentina.
Era prioridad de los gobiernos fomentar la inclusión, juntando a través del servicio militar en una misma barraca, a conscriptos de todos los estratos, del campo y las ciudades. Los colegios son parte de esa estructura integracionista, pero desde que las izquierdas llegaron a formar parte de los gobiernos, con su absurda discriminación positiva, profundizaron las diferencias culturales, alentando a la desunión.
La idea del gobierno indigenista es someter o integrar al blanco a su cultura. (Pensamiento análogo al de los musulmanes en relación con Occidente). El final será irremediablemente la confrontación, porque es inconcebible que 3 mil años de sapiencia y progreso sean tirados por la borda, para ejercitar regresivos conceptos de administración sociopolítica que se plasmarán en su nueva Carta Magna. ¿Qué estudiante, profesional, empresario, o intelectual puede aceptar regulaciones provenientes de la incompetencia? Sin embargo, muchos ciudadanos aparentemente instruidos votaron por Evo.
Pagarán cara su emotiva decisión, porque lo visto del comportamiento del Ejecutivo es inédito y será peor. Nunca hay que olvidar que el ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, dijo al llegar al puesto: "… en 1992 tiré los libros cuando me di cuenta de que era aymara…". Su resentimiento con la educación recuerda a Goebbels, que exclamó: "¡Cuando escucho la palabra cultura saco mi pistola!".
Firmas Press. El autor fue diputado de Bolivia
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