| MUERTES POR ENVENENAMIENTO.
Cuando se globaliza la codicia
Ariosto Ardila Mendizábal
Hace unos meses, estando en un almacén de uno de nuestros centros comerciales, me encontré con esta persona, que es una vecina nuestra y me decía que su madre había muerto producto del envenenamiento del dietilene glycol. Había ingresado al Seguro Social producto de una afección que si bien era preocupante, no entrañaba un peligro inminente de muerte, pero lo que desgarraba a esta persona era que ella había estado cuidando a su madre y le había proporcionado cucharadas del maligno jarabe recetado por los médicos del Seguro Social, y manifestaba un enorme sentimiento de culpa por ello. Aunque le manifesté que no había sido su culpa, puesto que ella ignoraba que el jarabe proporcionado, supuestamente, para curar, estaba matando y en efecto lo hizo a su madre, esta persona seguía apesadumbrada.
En el diario El País, de España, aparece una traducción de un artículo publicado en The New York Times, en el cual se traza la ruta que siguió este jarabe hasta que ingresó en las bodegas de la Caja de Seguro Social.
Lo que llama poderosamente la atención es cómo, producto de la globalización comercial existente, un insumo para la fabricación de un jarabe que no reunía los requisitos farmacológicos necesarios para el uso humano, pudo ingresar a este país sin que se le dieran los controles sanitarios necesarios y terminó matando a más de un centenar de compatriotas, creando un sinnúmero de tragedias personales; y aunque los familiares de las víctimas sean indemnizados, nada podrá reponer la pérdida de un ser querido muerto antes de tiempo, si es que existe un tiempo para ello.
De igual forma esto es una advertencia sobre todo para el sector salud, sobre el hecho de importar fármacos provenientes de lugares que carecen de los controles sanitarios rigurosos. La República Popular China es el nuevo monstruo económico emergente, los salarios de sus trabajadores son sumamente bajos, lo cual permite producir bienes baratos y generar enormes ganancias a los dueños de las compañías que producen diferentes artículos para suplir el mercado mundial, pero ello no significa que sea un lugar en donde existan los mismos estándares sanitarios de países como Estados Unidos, Suiza, España, Alemania, etc.
Al utilizar intermediarios como la empresa Rasfer International, de nacionalidad española, diluye aún más la responsabilidad de los autores de este horrendo crimen, puesto que se van a limitar a decir que solamente eran meros importadores, pero lo cierto es que tampoco se molestaron en comprobar, qué era lo que a su vez importaban de China. No determinaron si era glicerina para uso humano, solamente supusieron que así era.
Y en cuanto a Panamá nos preguntamos cómo una mercancía (fármacos o insumos) ingresa a una bodega del mayor hospital de nuestro país y nadie, absolutamente nadie, se toma la molestia de comprobar el estado y contenido de dicha mercancía.
La responsabilidad del Ministerio de Salud es evidente y grave, en virtud de lo normado por la Ley 1 de 10 de enero de 2001, (Ley Balbina), en sus artículos 1 (ámbito de aplicación); 2 (objetivos); Capítulo V, sobre Control Previo, Control Posterior y Fármaco Vigilancia, por solamente mencionar algunos.
Esta entidad estatal debió supervisar el laboratorio de la Caja de Seguro Social y no lo hizo; el resultado fue muerte, desolación, esperanzas truncadas, anhelos perdidos y un enorme vacío en el seno de esas familias y de la sociedad panameña en general, y, sobre todo, la premonición de que esta situación puede repetirse.
Sí, en materia de alimentos se pueden enviar inspectores a las respectivas plantas procesadoras extranjeras, para determinar el cumplimiento de las mismas con nuestras normas sanitarias, entonces cómo es posible que no se haga lo mismo en relación con medicamentos, máxime cuando la tendencia del mercado es buscar fármacos en lugares en donde su costo de producción es bajo, por ejemplo, en China, India y Paquistán.
El resultado es que la persona con la cual tuve la conversación narrada al inicio de este artículo y varios cientos más, fueron víctimas de una globalización mal entendida, y peor ejecutada, en la que si no tomamos los correctivos adecuados, con la cantidad de TLC que nuestro país está firmando, se volverán a repetir situaciones similares. Debemos recordar la existencia de enfermedades como la denominada "vacas locas", enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), entre otras. Por ello debemos tener cuidado cuando se globaliza la codicia en beneficio de importadores inescrupulosos ayudados por autoridades negligentes e incompetentes.
Hoy fueron los familiares de estos envenenados, mañana podemos ser nosotros y nuestras familias. La codicia globalizada nos alcanza a todos.
Señora Procuradora de la Nación, señor fiscal encargado de esta investigación, esperamos que ustedes no permitan que este crimen quede impune, esperamos que se persiga a todos los culpables en Panamá, en España, en China, en donde sea necesario y se castigue a todos los responsables de esta aberración, ustedes poseen los medios y el derecho necesarios para hacerlo.
El autor es abogado y docente universitario
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