Los últimos hallazgos de productos en el mercado que contienen dietilene glycol ha puesto en alerta a los panameños, que de ahora en adelante –con justificada paranoia– tendremos que examinar, con el rigor de una auditoría, los ingredientes de los productos que tomamos o utilizamos.
Es decir, nos hemos convertido en inspectores sanitarios, labor reservada al Ministerio de Salud. Y esto es muy grave, pues lo que se colige de ello es una clara pérdida de confianza en las instituciones guardianas de nuestra salud. Y es así, porque resulta irónico que a estas alturas no se detecten estos productos, ya no a través de pruebas de laboratorio, sino por su etiquetado, que abiertamente anuncia entre sus componentes el nombre del químico que ha matado, al menos, a 100 panameños.
Las investigaciones tendrán que aclarar cómo es que estos artículos se venden indiscriminadamente al público, incluso varios de ellos dirigidos a bebés e infantes. Entretanto, las autoridades de Salud deberán hacer su máximo esfuerzo para conservar lo que aún les puede quedar de nuestra confianza. |