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Reportaje especial
Panamá, lunes 14 de mayo de 2007
 

EL CASO DE CHARRO ESPINO.

Riesgos calculados

Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Calcular riesgos para ver si vale la pena "rifársela", puede resultar bien, o "camisa de once varas". Cuando empecé a ir a fiestas, mi madre fijaba la hora de mi regreso a casa, absurdas a mi juicio, adecuadas según ella; me emperifollaba y partía dispuesta a obedecerla, pero a veces mi voluntad flaqueaba por culpa del trío Los Panchos o un mambo de Pérez Prado. Y empezaba a calcular riesgos: media hora tarde, dos días de castigo; una hora, ni asomarme a la puerta durante una semana; un par de horas… mejor ni pensarlo. Así que ignorando el infame reloj, "me la rifaba" de vez en cuando. No me podían quitar lo bailado. Me pregunto, ¿se metió Rodolfo Espino (Charro) en el negocio de bienes raíces en Punta Chame sin calcular riesgos? ¿Creyó qué los hermanos Fontane, con derechos sobre las tierras, no iban a reclamar? ¿O que como tío del presidente

Torrijos le iba a ser fácil continuar la jugosa operación que inició, con muy buen pie, en los tiempos de la presidenta Moscoso? Una bicoca: 29 hectáreas de zona costera a cinco centésimos el metro cuadrado de las que, en el 2006, vende 4 hectáreas en módicos dos mil 900 dólares nada menos que a la esposa del hermano de la ex presidenta Moscoso. ¡Sólo ganó 80 dólares! (La Prensa 26/4/07). ¿Mal negocio? En menos de lo que se persigna un ñato Moscoso las vende en 30 mil dólares a una sociedad en la que aparecen familiares del tío Charro. Qué transacción tan extraña. Me hace recordar los tejemanejes para que la casa de Punta Mala (cuyas refacciones ayudamos a pagar usted y yo) quedara en familia. Redondeando el negocio, el tío Charro con "visión empresarial", pide al gobierno 26 hectáreas más en la Punta de sus desvelos, las que le venden a menos de centavo el metro cuadrado: dos mil 80 dólares por 26 hectáreas frente al mar.

¡Bingo! Difícil encontrar un funcionario que no se paralice ante tal parentesco, como pasó con dos funcionarios de Anam que no se atrevieron a firmar un documento adverso a Espino. Guillermo Salazar, ministro de Agricultura (Mida), dijo que todo se hizo apegado a la ley (bien cuida'o, tío, bien cuida'o); así que como Espino pagó 2 mil 80 en vez de los 520 dólares que correspondían según las cuentas de Salazar, ¿tendrá que darle más tierras por lo que pagó en exceso?

El "manglaricidio" golpea de frente o de "refilón" al Mida y su Reforma Agraria; Autoridad Nacional del Ambiente (Anam); Ministerio de Comercio e Industrias (no se enteró de la extracción de arena); Catastro, del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que adjudicó las primeras tierras; también por autorizar los fondos para rehabilitar la carretera Punta Chame; Ministerio de Obras Públicas (MOP) por rehabilitar los 10 kilómetros coincidentes con la entrada a las tierras de Espino; y a la Autoridad de Recursos Acuáticos (Arap), que tampoco sabía nada. Lo que me recuerda la carretera que se construyó, en tiempos de Moscoso, hasta las fincas del ex contralor Weeden y el ex ministro Spadafora, hoy magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Poco faltó para meter en el jolgorio de Punta Chame a todo el gobierno. ¿No es extraño un delito ecológico de tal magnitud sin el conocimiento de las autoridades? Conocido gracias a los hermanos Fontane.

La real tragedia del "escándalo de Punta Chame" es la destrucción de los manglares. El mangle no es ramas y raíces feas sin función alguna; es una planta leñosa que crece entre el mar y la tierra; filtra el limo, las toxinas y los nutrientes y atrapa sedimentos; es refugio para crías de peces, camarones y otros seres acuáticos; protege la costa al absorber la energía de las olas y de los vientos y es vital para los arrecifes. Pero a los ojos codiciosos son espacios que hay que arrebatarle al mar para lucrar sin importar el daño que se causa.

Es lógico pensar que el proyecto, por antiecológico (y otras razones) podía convertirse en un quebradero de cabeza; pero se inició, supongo, calculando que los riesgos eran "manejables". "Si este asunto se destapa será, como tantos otros, escándalo pasajero que quedará en "agua de borraja"; si hubiera que pagar una multa… ¿cincuenta mil, quinientos mil?, no importa, "del lobo un pelo", y las tierras valen millones; si esto queda en manos de los diputados o la Corte Suprema de Justicia, ¡aleluya!, el caso muere por vejez o inanición. Negocio redondo y que "asoleen" lo que quieran. Mira a Mireya, tranquila, nada le pasó ni le va a pasar. Nadie "le quita lo bailado". ¿Calculó Espino cómo afectaría el escándalo Punta Chame la imagen de su sobrino, el presidente? ¿Que se le acusaría de tráfico de influencias? ¿Que por ser tío del Presidente, no "un perico de los palotes", este asunto tomaría mucho vuelo? Para mí, no bastará que el presidente Torrijos ponga distancia con su pariente. Esto no es como fiesta de quinceañeras.

Es un delito ecológico mayor. ¿Sanciones? Cero tierras; pagar cada tonelada de la arena que se sacó sin autorización (¿se podrá devolver al mar?); sanción a todos los funcionarios que incumplieron su responsabilidad, y obligar a las empresas responsables del "ecoicidio" a reparar, hasta donde se pueda, el daño a los manglares de Punta Chame. ¿Paralizará el parentesco del tío el brazo de la justicia? Un descreído 80% contestó sí en una encuesta cibernética. La incógnita que queda es: ¿hizo Rodolfo Charro Espino buen cálculo de riesgos?

La autora es comunicadora social



 
 
 
 
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