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Panamá, viernes 11 de mayo de 2007
 

‘CHANTAJE’.

Ecclestone y la F1 intervienen en elecciones españolas

Sebastián Fest

Hay una virtud que no se le puede negar a Bernie Ecclestone: su sinceridad. Pocas veces un peso pesado como él fue tan claro al negociar una de las codiciadas escalas del Campeonato Mundial de Fórmula 1, y pocas veces la élite del deporte intervino de forma tan desembozada en la política de un país.

"Chantaje intolerable", fue la reacción de Carmen Alborch, la candidata socialista a la alcaldía de Valencia, cuando se enteró de lo que había dicho el "hombre fuerte" de la Fórmula 1: Valencia tendrá un Gran Premio al estilo del de Mónaco, pero solo si las elecciones son ganadas por el conservador Partido Popular (PP), actualmente en el gobierno de la ciudad y la región.

"Siento decir que no firmaré el contrato hasta después de las elecciones", precisó Ecclestone con desparpajo, al tiempo que agregaba no creer en las ciudades, sino "en las personas".

España celebra elecciones municipales y regionales el 27 de mayo. La cita es considerada por socialistas -en el gobierno central- y los opositores conservadores como una suerte de "primarias" de cara a las elecciones nacionales del año próximo.

El potencial contrato contempla a Valencia como sede por siete años para albergar el Gran Premio de Europa. La única fecha española confirmada hasta el momento en el calendario del año próximo es el Gran Premio de España, que se disputa este domingo en el circuito de Montmeló, a las afueras de Barcelona.

Hubo una época en la que se discutió si la Fórmula 1 es realmente un deporte, pero tras lo sucedido hoy lo que nadie puede dudar es que, sobre todo, se trata de un gran negocio, y que la política no es ajena a él.

Cuando la Unión Europea (UE) endureció sus leyes antitabaco y condenó a muerte la publicidad de cigarrillos en el deporte, Ecclestone fue expeditivo, y comenzó a llevarse el circo a otra parte. Así surgieron Grandes Premios como los de China y Malasia, y así nacerán los de Abu Dhabi, India, Singapur y probablemente Moscú.

En ese gran negocio hay un español que juega un papel tan oscuro como aparentemente clave. Se trata de Alejandro Agag, yerno de José María Aznar, presidente del gobierno español hasta 2004 y figura clave de la derecha conservadora española.

Amigo del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, del próximo presidente francés Nicolas Sarkozy y del playboy de la Fórmula 1 Flavio Briatore, Agag desconcierta en España.

"Nadie parece saber cuál es el papel de Alejandro Tarik Agag en la Fórmula 1", escribió hace pocas semanas en un extenso artículo el diario El País.

"Unos hablan de su papel de comisionista. Los hay que prefieren denominarle ‘abrepuertas’. Y también, ‘El conseguidor", añade el artículo, que consideraba a Agag, de 36 años, "cabeza de un lobby para que Valencia se convierta en sede de un Gran Premio de Fórmula 1, el último órdago de su viejo amigo Francisco Camps, presidente de la Comunidad (región) Valenciana".

Si realmente es así, tal como dan por hecho hoy medios españoles, Agag está haciendo honor a su fama. Al fin y al cabo, si los votantes no lo impiden, España tendrá el privilegio de contar con dos Grandes Premios por temporada, algo también atribuible al efecto que genera el bicampeón mundial Fernando Alonso en un país donde hace cinco años la Fórmula 1 generaba solo desinterés.

"Será bueno otro Gran Premio por ver cómo se está desarrollando la Fórmula 1 en España, donde hace unos años no había siquiera cobertura de televisión. Será muy especial, estoy contento por el automovilismo", dijo ayer Alonso en Barcelona.

El español está sin embargo molesto por el hecho de que se haya elegido un circuito urbano y relegado la posibilidad de correr el Gran Premio en Cheste, a 30 kilómetros de la ciudad.

"Se cambian circuitos para mejorar la seguridad, como aquí en Barcelona, y ahora vamos a correr en un circuito urbano, cuando hay un gran circuito en Valencia a 30 kilómetros. Es difícil de entender lo que los jefes de la Fórmula 1 quieren".

Quizás no, quizás no sea tan difícil. "Bernie quiere estar seguro de que el Gobierno esté convencido y decidido a organizar el Gran Premio porque necesita mucho respaldo", dijo ayer a DPA Mike Gascoyne. Jefe técnico de Spyker y hombre de larga experiencia, Gascoyne sabe que la Fórmula 1 es "coto privado" del británico de 76 años, que no permite que nada, ni siquiera unas elecciones, impidan que su negocio funcione a máximo rendimiento.

DPA



 
 
 
 
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