| INTERVENCIONES DE UN DIPLOMÁTICO.
Combate contra las injusticias
Horacio Bustamante
Mientras representé a Panamá en conferencias y reuniones internacionales siempre alcé la voz contra las discriminaciones, las injusticias y las políticas mal utilizadas.
Era una época en que aún existían en el mundo importantes focos de discriminación racial. En que por pertenecer a gobiernos totalitarios se intentaba perjudicar a pueblos del tercer mundo poniéndoles trabas o reduciéndoles la ayuda que ofrecían ciertas organizaciones internacionales.
En ese entonces yo era embajador de Panamá ante la Unesco.
En la primera reunión del Grupo Latino Americano a la que asistí me llamó la atención la ausencia de Cuba. A pesar de no ser un simpatizante del régimen de Castro, esto me pareció inadmisible. Inmediatamente inicié una campaña visitando a todas las delegaciones latinoamericanas, con el argumento de que la política no tiene lugar en las organizaciones internacionales. Mi enérgica intervención culminó con el ingreso de Cuba al Grupo Latino Americano.
A solicitud del embajador cubano, Juan Marinello, el gobierno de su país me invitó a visitar la isla donde fui atendido con todos los honores como agradecimiento a Panamá y a mi persona.
Poco tiempo después se inauguraba la Conferencia Oceanográfica Internacional con la asistencia de 95 países y la presencia en la sala de unos 500 delegados. Yo estaba completamente solo como delegado de Panamá. De repente vi que detrás de mí estaban los representantes de Suráfrica.
Antes de que el presidente declarara abierta la conferencia, yo empecé a agitar en el aire con vehemencia el nombre de mi país. Ante el asombro de la concurrencia el presidente se dirigió a mí:
-Tiene la palabra el distinguido representante de Panamá.
-Señor presidente - le dije - Yo me permito solicitar la palabra antes de que se inicien los trabajos de esta conferencia para solicitarle que esta no sea inaugurada mientras los cuatro individuos que están sentados detrás de mí y que representan a la república racista de Suráfrica, no abandonen la sala.
Mi país, Panamá, no tolera que se compartan foros internacionales con países que discriminan a sus ciudadanos por el color de su piel. Le pido, señor presidente, que someta esta moción a consideración de todos los países presentes.
El alboroto que se armó fue enorme. Los representantes de los países africanos corrieron a abrazarme.
-¡No es ni africano ni de nuestra raza y nos defiende!- gritaba uno de ellos -¡Viva Panamá !, gritaban los otros.
La conferencia se detuvo por 24 horas, al cabo de las cuales se aprobó un decreto firmado por mí en nombre de Panamá y por todos los países africanos expulsando a Suráfrica de esa reunión y pidiendo su expulsión definitiva de la Organización Oceanográfica. Esto se hizo realidad poco tiempo después.
En otra ocasión en que se procedía a una votación secreta en el Grupo Latino Americano de la Unesco para escoger a tres candidatos para ocupar puestos en el consejo ejecutivo de esa organización, uno de ellos era Pablo Neruda, por Chile. La votación dio como resultado la eliminación del poeta por sus ideas comunistas.
Al oír yo el resultado, me puse de pie y pronuncié las siguientes palabras:
-Señores embajadores: Antes de renunciar al Grupo Latino Americano como protesta ante el bochornoso resultado de esta votación que elimina a un genio de las letras mundiales por el solo hecho de profesar ideas políticas que no son del gusto de todos, quiero pedir que se proceda de nuevo a esta votación tras una reflexión sensata de todos ustedes. Tener a Pablo Neruda en el Consejo Ejecutivo de la Unesco es un orgullo para nuestra América, no podemos crear este precedente vergonzoso para nuestros países.
Se procedió a otra votación y Neruda fue elegido. A raíz de esto, el poeta me invitó a su residencia para entregarme dos de sus libros dedicados agradeciendo mi intervención y manifestándome su admiración por Panamá. Estos dos ejemplares son hoy un orgullo en mi biblioteca. Al poco tiempo fallecía esta gloria de América.
En la Conferencia General que siguió a estos acontecimientos, el día de su inauguración, el embajador de la Unión Soviética tomó la palabra ante 140 países para pedir la expulsión de Chile de la Unesco por la violación de los derechos humanos bajo el gobierno de Pinochet.
Ante la injusticia de suprimirle la ayuda de una institución internacional como la Unesco a todo un pueblo latinoamericano por el solo hecho del régimen imperante, yo pedí la palabra para solicitar que se investigara la violación de los derechos humanos en los campos de concentración de Siberia lo que, sin duda, dije, conduciría a la expulsión de la Unión Soviética de la Unesco.
Se armó una violenta discusión que duró varias horas, tras la cual se procedió a no considerar ambas intervenciones y no expulsar a Chile de la organización.
La delegación chilena quiso hacerme un homenaje que yo no acepté, pues yo habría hecho lo mismo por cualquier país de nuestro continente.
A través de todos estos acontecimientos a los cuales se agregaba el triunfo que yo había logrado en nombre de Panamá imponiendo el idioma español en la Unesco al igual que el inglés y el francés y que ya conté en otra edición de este diario, yo me resistía a escuchar a mis colegas que insistían para que propusiera mi nombre al puesto de miembro del Consejo Ejecutivo de la organización formada solamente por 40 personas.
Era como aspirar a mucho y sin grandes esperanzas presenté mi candidatura en la Conferencia General de Nairobi (Kenia). Para inmensa satisfacción mía fui elegido con la mayoría de votos entre los seis candidatos latinoamericanos que se presentaron.
Solamente durante dos años permanecí en ese importante puesto al que debí renunciar tras ser nombrado embajador de Panamá en Chile.
El autor fue diplomático panameño
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