| DELINCUENCIA JUVENIL.
Violación social
Richard Morales
"Lo que se consigue con violencia, únicamente se puede mantener con violencia". Estas palabras auguran nuestra desesperante realidad, donde un sistema fundamentando en la violencia explotadora de unos sobre otros, recurre a la violencia represiva para aplacar la inevitable explosión social, producto de sus injusticias.
Los círculos de poder optan por soluciones superficiales a la violencia juvenil, satanizando a la juventud mediante propaganda barata en vez de reconocer la culpabilidad directa de sus políticas de marginación. Es inaceptable que se implementen medidas represivas para crear un falso sentido de seguridad, mientras se da la espalda a la juventud utilizándola como chivo expiatorio y empujándola cada vez más hacia las manos de la criminalidad.
La violencia social, cúmulo de injusticias al que es sometido nuestro pueblo, únicamente puede ser eliminada destruyendo su raíz, la cual se encuentra en un modelo explotador de desarrollo que segrega en la pobreza y abandono a todos aquellos que no están enlazados con el poder. Los centros de poder atacan únicamente las consecuencias y no las causas de la violencia social, protegiendo sus propios perversos intereses, los cuales se alimentan y sustentan de la necesidad, vulnerabilidad y desintegración del pueblo.
La juventud marginal es víctima permanente de una violación social que la despoja de la oportunidad de recibir educación, trabajo, guía o participación política. Es una juventud que vive asolada por el hambre y la desesperación, donde la explotación sistemática carcome los cimientos de la familia y comunidad, exponiéndolos a una crianza sin amor u orientación y forzándolos a subsistir como puedan mientras los depredadores se apropian del bienestar de todos para lucro propio. Es la condena de un sistema donde centros de poder alimentados por la inversión extranjera sacrifican el futuro de los invisibles, segregándolos en modernos arrabales donde se espera que se maten entre sí.
¿Represión y penas mayores como disuasivo? ¿No ven acaso el ejemplo de innumerables sociedades con niveles de violencia más graves que lo han intentado y fracasado? La disuasión es una inutilidad cuando los criminales no le temen a la muerte y mientras se perpetúe la privación que los empuja a la violencia. Ser pobre no significa ser criminal, pero la injusticia sí implanta las condiciones propicias para la germinación de la criminalidad.
El incremento de penas y la represión causarán una escalada de violencia, presionando al crimen a profesionalizarse para igualar el desafío de la policía, aprisionando a la sociedad en una interminable espiral de violencia.
La solución no está en manos "amigas" o "duras", está en atacar la raíz de la violencia, integrando en forma directa y participativa al pueblo y a la juventud al sistema político y económico, haciéndolos protagonistas y benefactores del desarrollo de la nación y no simples espectadores marginados. La violencia acabará cuando los jóvenes tengan oportunidades reales y tangibles de alcanzar una mejor vida en plena paz y pertenencia social. La urgencia del presente nos exige que actuemos ahora, porque si no luchamos por un cambio profundo que acabe con la explotación social del pueblo, nos condenaremos a vivir en un país dominado por una violencia que ninguna fuerza policial del mundo podrá contener.
El autor es presidente de la Juventud Unida por Panamá (JUP).
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