| ACTUEMOS A TIEMPO.
Otra cara de las construcciones
Mariela Paredes
Cuando camino, o paso en carro por áreas donde se construyen edificios, observo docenas de trabajadores almorzando a pleno sol en las aceras.
Desde el punto de vista humano me produce una sensación compleja observar cómo las constructoras que generan cientos de empleos, producen grandes ganancias y contribuyen al desarrollo de la ciudad, no se detienen a pensar en la calidad o condiciones de trabajo que prestan a su fuerza laboral.
Siguiendo en la línea del empleado, me parece injusto que no tengan lugares habilitados para sentarse cómodamente a comer. Si somos creativos, encontraremos una solución viable, como el adecuar un área dentro de la misma construcción que sirva de comedor.
Viendo la otra cara de la moneda, es despreciable que no se inculque a estos empleados el concepto de sanidad y limpieza que merece nuestra ciudad y la cara que debemos dar a los cientos de personas que invierten en nuestro país y que visitan estos proyectos.
Si se decide a dar un paseo por estas áreas durante los fines de semana, se podrá observar la cantidad de basura que queda tirada en las aceras y calles de estas urbanizaciones, donde se ven por doquier desperdicios de comida en platos de styrofoam (material no fácilmente biodegradable) que sirven de alimento a los enormes talingos que dominan y controlan el escenario. Además de comida hay desperdicios de todo tipo: vasos, cubiertos, excrementos de pájaros y otros animales, bolsas de basura medio envueltas que nadie se digna depositar en un tinaco y qué decir de lo que hacen el viento y las lluvias con estos restos. El primero se encarga de "regarlos" por todo el vecindario, mientras que los aguaceros los empujan hacia las ya maltrechas alcantarillas, contribuyendo a que se tapen y se produzcan inundaciones en las calles. Adicionalmente, hay que llamar la atención a las autoridades de salud porque estos desperdicios pueden fácilmente desencadenar en problemas más complejos y difíciles de controlar después.
Mientras se dan soluciones más concretas, se deben crear los mecanismos necesarios para sacar estos comedores de las aceras, brindándoles áreas adecuadas a los obreros y creando mayor conciencia ciudadana.
No podemos pretender avanzar como metrópoli y competir en un mundo globalizado mientras no nos ocupemos de organizarnos internamente dando la cara a problemas tan cotidianos y simples de resolver. Recordemos que el nivel de cultura de un país se mide por la educación de su gente. No nos servirá de nada promovernos como ciudad moderna y vanguardista mientras los dueños de los proyectos y las constructoras no unan esfuerzos para solucionar este problema. Recordemos que la propaganda vende en primera instancia, pero los hechos y la vitrina que mostramos al mundo, pronto demostrarán que el castillo de arena puede fácilmente derrumbarse en una ventosa tarde de verano.
¡Actuemos a tiempo por un Panamá mejor!
La autora es ciudadana panameña
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