Los ciudadanos en Panamá se debaten en una discusión que parece no tener desenlace. Por un lado está la gente que, para lograr la atención de una autoridad, recurre a la protesta, que generalmente se traduce en el cierre de calles, coartando con ello las libertades de otros ciudadanos. Del otro lado están los que sufren con tales cierres de vías.
La disyuntiva que enfrentamos todos como sociedad es que los quejosos probablemente tengan razón, pero también es un hecho que el cierre de calles nos perjudica a todos.
Entonces, ¿qué hacer? No parecer haber una salida fácil porque simplemente no hay un ganador: las calles bloqueadas y los consecuentes tranques vehiculares afectan a la colectividad. Y es aquí donde debe intervenir el Gobierno, porque, en última instancia, las protestas surgen como mecanismo desesperado de quienes no encuentran más opción que manifestarse cerrando calles para garantizar una audiencia pública.
Si las autoridades no empiezan a desalentar estas acciones, la anarquía, el desorden urbano y el malestar, fácilmente darán cabida a otras formas de violencia masiva. |